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Estrategia y táctica para la lucha contra la ley 7 y la ofensiva neoliberal (parte 2)

febrero 17, 2010

Leer la parte 1

Huelga magisterial versus huelga de la telefónica

Uno de los puntos principales en el análisis de Rafael Bernabe es la idea que tanto la huelga de la telefónica como la huelga de la Federación fueron derrotas:

“ambas huelgas […] fueron, en balance, derrotadas” (R. Bernabe, noviembre 2009 énfasis suplido)

Tal apreciación entendemos que es errada y denota la visión que llamamos economicista de la lucha sindical. El compañero más adelante en su escrito niega tal categorización, y argumenta a favor de muchos de los planteamientos que hemos hecho sobre las huelgas. Pero si bien en el abstracto podemos estar de acuerdo con los aspectos positivos de un proceso huelgario hay que ver si en la práctica estamos hablando de lo mismo.

El análisis que se haga de la huelga de la telefónica y la huelga magisterial no pueden ser análisis de eventos aislados. La huelga de la telefónica y la huelga magisterial hay que verlas en su proceso y contexto histórico. Hay que recordar varios elementos importante de la huelga de la telefónica, esta huelga se dio en el verano de 1998 cuando la ley 45 aun no existía. En cierto sentido podemos decir que la Ley 45 es una consecuencia histórica de la Huelga de la Telefónica. Durante dicha huelga, la solidaridad de amplios sectores del movimiento obrero organizado en agencias de gobierno fue importante. El gobierno de Rosselló vio en las llamadas hermandades o uniones bonafide una fuerza que necesitaban domesticar. En ese sentido, la Ley 45 cumplió su cometido. Luego de las batallas contra la privatización de la telefónica los sindicatos de agencias públicas no volvieron a ver paros y huelgas hasta que la FMPR comenzó a retar dicha ley. La ley 45, con todas las ventajas que puede tener la negociación colectiva, representó una derrota estratégica para la clase obrera puertorriqueña aunque a nivel táctico puede haber mejorado las condiciones de trabajo de algunos empleados públicos. Ya no sería la fuerza en la calle la que determinaría los logros y las victorias, sino que sería el cabildeo, la negociación, las burocracias y los diálogos los que establecerían hasta donde llegarían las concesiones del patrono. Diálogo y negociación sin fuerza en la calle, deja convenios débiles como los que firmó el pasado gobierno y hoy quedaron hecho.

Conscientes de lo letal que era la Ley 45, una asamblea de delegados de la FMPR discute y aprueba una resolución en el año 1999 que llamaba al sindicato a entrar en el proceso de Representación Exclusiva, pero con el objetivo de retarla Se planteaba la necesidad de preparar al sindicato para comenzar actividades de militancia que retaran las medidas represivas de la ley, que debíamos aprovechar la obligación del patrono de sentarse a negociar sin comprometer la unión a renunciar a su derecho a la huelga. Pero de lo dicho a lo hecho hubo un largo trecho. El crecimiento de la FMPR de un sindicato de 15 mil miembros a 30 mil en cuestión de meses trastocó la forma y manera de hacer trabajo sindical. Ofuscado por el crecimiento, el liderato se lanzó a reclutar delegados, a entrenar personal para trabajar quejas y agravios, a desarrollar toda la estructura burocrática de una unión de 40 mil miembros. Ese crecimiento trajo como consecuencia la entrada de decenas de miles de maestros con actitudes conservadoras y hasta patronales. En muchas escuelas los delegados eran la oreja del director, en otras eran miembros de la asociación que buscaban desprestigiar la FMPR y en muchas simple y llanamente se escogió la gente por pura amistad sin tomar en cuenta las capacidades sindicales. El crecimiento numérico no vino acompañado de un crecimiento cualitativo del liderato intermedio.

Cuando CODEMI asume el liderato de la FMPR se encuentra con un sindicato debilitado, con una matrícula con un bajo nivel de conciencia, con una estructura conservadora y sin memoria histórica de la trayectoria de lucha de la FMPR. Entre los objetivos que se fijó el nuevo liderato estaba colocar la organización en posición de finalmente cumplir con lo aprobado por los cuerpos antes de entrar a la ley 45: preparar la unión para un enfrentamiento con el Estado. La desafiliación de la AFT cumplió el objetivo de obtener la independencia política y económica que el sindicato necesitaba para dar la lucha. El comienzo de la negociación colectiva abrió las posibilidades de demostrarle a la matrícula la relación clasista que existe en el país y la negativa del patrono no solo de conceder aumentos de salario, sino de mejorar las condiciones de empleo y estudio en las escuelas. El enfrentamiento clasista fue tan fuerte que la FMPR acaparó los titulares de prensa durante cerca de dos años antes de la huelga. La FMPR se convirtió en el enemigo numero uno del Estado y reaparecieron casos, demandas y querellas, que habían Estado dormidas, contra la institución como parte de la estrategia de la burguesía de derrotar a todo aquel que resistiera. Mientras esto ocurría, el resto del movimiento obrero en Puerto Rico demostraba su bancarrota firmando convenios y acuerdos en donde cedían derechos adquiridos a cambio de míseros aumentos de salario y de garantizar el cobro de cuotas.

Hace falta realizar discusiones que vayan más a fondo en el análisis sobre ambas huelgas, sus aciertos y debilidades. De los puntos que trae Rafael Bernabe es cierto que el reclamo principal no se logró en ninguna de las dos, pero ni la Huelga de la Telefónica ni la Magisterial fueron derrotas. Calificar un proceso de derrota o de victoria en términos absolutos envuelve tomar en cuenta diversos factores más allá de los reclamos de la huelga. Envuelve, también, estudiar la relación de fuerzas antes y después del proceso, qué reclamos principales y secundarios se cumplieron, cuál fue el peso de la huelga en el ámbito nacional etc. Una huelga derrotada en términos absolutos es aquella en donde no sólo no se logran los principales reclamos, sino que el patrono logra debilitar los trabajadores a tal nivel que destruye las posibilidades de futuros procesos de lucha. Una huelga victoriosa, en términos absolutos, no sólo logra los reclamos principales sino también desarrolla la capacidad de lucha del sindicato, afianza la credibilidad, y desarrolla la confianza en la matrícula para dar nuevas batallas. Se podrían dar ejemplos de huelgas victoriosas en términos de los reclamos inmediatos pero que representaron derrotas en el ánimo de la militancia para seguir la lucha (como la huelga de un día de la FMPR de 1993). En el lado contrario se encuentra la huelga de la Puerto Rico Cement como el ejemplo de una huelga derrotada, no solo perdieron los reclamos sino que el patrono se encargó de despedir a los huelguistas y eliminar físicamente a parte del liderato. La huelga magisterial, está muy lejos de ser ejemplo de una huelga derrotada. La realidad es que sectores dentro del MAS vinculados a la oposición de CODEMI en la FMPR se dedican a menospreciar la huelga magisterial y sus logros con el objetivo de hacerse campaña. Independientemente de lo que piense el grupo Educamos, la huelga magisterial es la huelga de más logros en los últimos 20 años en Puerto Rico y demostró una voluntad de lucha en el magisterio que había quedado rezagada desde la entrada a la ley 45:

“nos dimos a respetar en una huelga de diez intensos días y […], logramos importantes aumentos de salario y mejor aun, detuvimos la implantación de las escuelas chárter. La ganancia neta en términos de desarrollo de la consciencia de clase de amplios sectores del magisterio fue sin duda incalculable. Tan es así que en menos de un año, reclutamos a más de 11,000 miembros pagando cuota voluntariamente y derrotamos a la alianza patronal – SEIU – ASOMA, entre otros importantes logros. Sin olvidar que optamos por luchar hasta las últimas consecuencias y nos fuimos a la huelga, en el contexto de la ofensiva patronal más destructiva y brutal que sindicato alguno haya tenido que enfrentar. “ (L.A. Torres, diciembre 2009)

En algo coincidimos sobre la huelga magisterial, y es que no logramos “parar la producción” pues enfrentamos unos problemas internos y externos en el sindicato que hicieron difícil cumplir los objetivos que nos habíamos impuesto:

“Si hubiésemos tenido la capacidad para mantenernos en huelga indefinidamente, de seguro hubiésemos obtenido todas las demandas que exigíamos. “ (L.A. Torres, diciembre 2009)

Los compañeros que analizan la huelga de manera aislada olvidan la campaña que realizó el patrono desde antes de iniciada la huelga, el apoyo que recibió el gobierno de Aníbal de parte de la prensa, la actitud que asumieron los sectores de oposición interna en donde los líderes de dos de los grupos de oposición rompieron huelga y llamaron a romper huelga al quinto día. Entre los errores que cometimos en la huelga magisterial está el no haber realizado actividades masivas en los primeros tres días de forma que lo que parecían pequeños grupos de maestros en 1,500 escuelas de todo el país se vieran unidos, de forma que se pudiera disipar la duda que muchos tienen aún al día de hoy en torno a la participación del magisterio:

“La huelga de la Telefónica fue masiva; la huelga magisterial, desafortunadamente, se caracterizó por su falta de presencia en las lineas de piquetes.” (J. Farinacci, ene 2010)

Una vez más, el compañero analiza la presencia en las líneas de piquete como si fuera un evento absoluto y homogéneo. Nos preguntamos cuántas escuelas visitó y cuántos días estuvo él asistiendo desde la madrugada a las líneas de piquete. Yo estuve en unas cuantas del área metropolitana, y recuerdo maestros en huelga en todas, obviamente en unas más que en otras. La realidad es que en los primeros días de la huelga el apoyo fue masivo, el desgaste comenzó después del quinto día unido a la campaña mediática y de los líderes internos y externos que no querían la huelga, la represión y los arrestos que fueron teniendo su efecto. Algunos sectores nunca creyeron en la huelga. Estos en vez de hablar de frente a la matrícula, por su oportunismo, prefirieron apoyar la huelga de boca, y después trabajar para que fracasara. Miembros del grupo Educamos boicotearon la entrega de la propaganda nacional, se dedicaron a hacerse campaña y a difamar al liderato en vez de construir la huelga. Mientras en el Departamento del Trabajo estaba el liderato de la FMPR negociando en la trampa del patrono durante los días previos a la huelga, Eva Ayala (candidata a Presidenta) de Educamos se dedicó a cuestionar el criterio del liderato argumentando que “se están echando el voto de huelga al bolsillo”. A nadie le sorprende que ahora sean de los que argumentan que “Feliciano llamó la huelga a destiempo” pues su estilo siempre ha sido uno oportunista y deshonesto. Olvidan también, que la decisión de irse a la huelga en el momento en que se dio la tomó el Comité Ejecutivo en consulta telefónica con los presidentes de las Uniones Locales, o sea se consultó cerca de un centenar de personas para llamar la huelga ese día. ¿A quién le correspondía decidir el momento de la huelga si no era a los líderes electos por los maestros en todos sus niveles?

Esto nos trae de vuelta al análisis sobre los errores de la huelga. El Profesor Rafael Bernabe plantea que nadie entendió por qué la FMPR decidió salirse de la mesa de negociación. Pareciera que para él tal “error” fue un factor decisivo en el resultado de la huelga. Aquí notamos una contradicción que va precisamente al centro de nuestras diferencias. Argumenta el Profesor Bernabe por un lado que lo que hace falta es mayor preparación y se deja implícito el que la huelga de la FMPR no se preparó lo suficiente. Por el otro lado el argumento de la negociación y del momento de levantarse de la mesa es uno mediático, es independiente de las condiciones en los centros de trabajo. Para el Señor Bernabe no se trata de que hubo mayor o menor confusión en torno a la fecha de lanzar la huelga, se trata de que había que convencer a “la gente” de que la huelga era inevitable.

El compañero Rafael Bernabe no menciona que la negociación llevaba más de dos años estancada y que la matrícula estaba al tanto de ello. Los maestros sabían que el problema era uno de voluntad del patrono, y no uno de falta de tiempo para negociar. El error que cometió el liderato de la FMPR no fue salirse de esa última mesa de negociaciones, el error fue entrar en esa trampa. Los maestros tenemos unas condiciones especiales de trabajo en donde unas fechas son más convenientes que otras. La huelga tenía que ser cercana a un día de cobro, no podía ser muy tarde en el semestre, ni estábamos en condiciones de hacerla durante las pruebas puertorriqueñas. Además, se asomaban las primarias presidenciales que se celebrarían en las escuelas. Todas estas limitaciones que se discutieron ampliamente en cientos de charlas, discusiones, visitas, asambleas de área y distrito, escuelas sindicales, y diálogos individuales no dejaban otra opción que el mes de febrero para lanzarnos a la huelga. Los maestros estaban conscientes de ello y al liderato entrar en la mesa de negociación se le crearon falsas esperanzas a la gente de que el conflicto se resolvería. Ahí es que radica el error, salirse de la trampa era solo cuestión de tiempo.

Por cierto, no hay que olvidar que ya la FMPR estaba decertificada cuando se lanzó a la huelga, y habiendo recibido el golpe más duro que le podía dar el patrono no nos quedaba otra que responder de igual forma o si no el patrono nos hubiese aplastado y destruido, aunque hiciera todas las ofertas del mundo en la mesa de negociaciones. Solamente una demostración de fuerza sellaría los acuerdos que se lograsen. La huelga había que hacerla para garantizar la supervivencia de la unión, deteniendo al patrono y demostrando que nuevos ataques podrían representar un nuevo enfrentamiento. A veces la mejor defensa es una buena ofensiva. La burguesía y sus representantes en el gobierno se llevaron el mensaje, si no ¿por qué el magisterio quedó exento de los despidos? Por el otro lado, la trampa de la negociación a última hora posiblemente impidió amarres finales y la preparación de algunos centros de trabajo pues en vez de estar en las escuelas dialogando con nuestros compañeros los piquetes que realizábamos dos o tres en el Departamento del Trabajo agotaron nuestras fuerzas durante esos últimos días antes de la huelga.

El liderato de CODEMI escogió desarrollar un proceso de lucha ascendente desde que se inició su primer término, y fue cumpliendo con sus cometidos. El objetivo de CODEMI y del MST dentro de la FMPR es convertir al sindicato en un instrumento de lucha del magisterio que sirva para el desarrollo de la conciencia de clase de los trabajadores en Puerto Rico. Pero la verdadera lucha clasista enfrenta a los trabajadores con la burguesía y sus aliados. Dicho objetivo tiene un problema, y es que antagoniza con los sectores más rezagados de la clase obrera que a pesar de pertenecer a dicha clase se identifican ideológicamente con los ricos en el país. La lucha clasista tiene el efecto de que aquellos trabajadores no tan arraigados a la ideología burguesa se cuestionen sus fundamentos y concepciones políticas. De estos sectores es que se nutre la militancia del magisterio. Por el otro lado, se da la circunstancia que aquellos sectores que, por la hegemonía ideológica de la burguesía, encuentran las acciones y el discurso clasista chocante. Estos últimos son la mayoría. Si los sindicatos clasistas no nos abrimos paso con la ideología de la clase trabajadora a través de la educación sindical pero también por medio de la lucha en la calle, jamás romperemos la hegemonía burguesa. Dicho en otras palabras, la lucha clasista no sólo confronta al patrono sino también confronta al trabajador, lo hace cuestionarse y escoger bandos. No se trata, como dice Rafael Bernabe en sus discursos de “trabajadores puros” versus “impuros”; o en palabras de Farinacci:

“Puerto Rico, si pretende llevarse a cabo una huelga general, necesita de […] TODOS NOSOTROS, no solamente los puros.” (J Farinacci, ene 2010 énfasis nuestro)

Se trata de que el crecimiento numérico debe venir acompañado de un crecimiento cualitativo de la membresía, tanto ampliar el apoyo como aumentar la militancia. Un crecimiento acelerado sin un desarrollo acelerado de conciencia lo que trae es desmovilización.

Hoy la FMPR tiene cerca de 10 mil miembros activos pagando cuota voluntariamente. Estos trabajadores entraron en la FMPR a pesar de toda la campaña mediática, de toda la división interna causada por líderes inescrupulosos que no toleran la diferencia (Únete, AFT, Fuerte, CNEUS, Educamos) y prefieren boicotear la lucha clasista en aras de ellos algún día retomar el poder en un sindicato numeroso pero débil. En la FMPR no negamos a nadie sus hojas de ingreso, como dan a entender las expresiones. Los maestros que han escogido no entrar a la FMPR lo hacen porque rechazan el discurso de confrontación de clases del liderato. Son maestros que rechazan la lucha en la calle, que no creen en las huelgas, que no creen en denunciar las ganancias de los ricos, que no creen en atacar al Banco Popular, en fin son maestros que escogieron un bando y hasta que no modifiquen su forma de pensar difícilmente quieran entrar a la FMPR. Existe también un número grande de maestros que si bien coinciden con la lucha clasista no han entrado a la FMPR por la desinformación de algunos delegados, por irresponsabilidad de funcionarios, o por que no hemos llegado a ellos. ¿Debemos los socialistas ocultar o diluir nuestro discurso clasista para fomentar el crecimiento numérico? ¿Debemos mentirle a la gente sobre quiénes somos y en qué creemos? Para nosotros la respuesta es no, aunque eso nos cueste incluso las elecciones internas. Otros preferirán amoldar su discurso dependiendo del que tengan de frente, pero ese no debe ser el estilo de los socialistas.

El problema moral

Dentro de todo este debate hay un elemento que no se trae de la mejor manera pero hay que abordarlo y es el asunto de la moral y la legitimidad ante la gente. Si pretendemos construir un proceso de lucha de envergadura debemos estar dispuestos a recibir los golpes y los embates de la burguesía, y aguantar los efectos de tales golpes. En la medida en que seamos más fuertes los golpes dolerán menos, pues la solidaridad de la clase servirá de armadura protectora. Sin embargo, para que una lucha sea exitosa los lideratos tienen que servir de ejemplo de sus matrículas y tienen que ser los primeros en la línea de fuego, tienen que arriesgarse tanto como los trabajadores si queremos desarrollar la confianza en el instrumento de lucha. Por tal razón es que, tanto en la FMPR como en la UTIER, los líderes tienen que salir del taller de trabajo, y cobran el mismo salario que los trabajadores. Son pocas las uniones en Puerto Rico que tienen esas limitaciones que lo que buscan es evitar el burocratismo. Al mismo tiempo buscan mantener las mismas condiciones de vida de forma que no se pierda la voluntad de lucha. La credibilidad de la FMPR y de la UTIER ante sus respectivas matrículas se forja en base a estos postulados. El trabajador de ambos talleres ve en sus líderes, compañeros(as) de trabajo. A diferencia de los lideratos chupa-cuotas en donde los líderes dan directrices desde oficinas lujosas y manteniendo sus privilegios, a la hora de la huelga los funcionarios de la FMPR y de la UTIER no cobran un centavo, viviendo condiciones económicas similares que los afiliados.

Traigo esta discusión por que es importante que entendamos la necesidad de llamar a luchar con el ejemplo, y que los líderes de la clase trabajadora deben ser líderes legítimos que salgan de la clase obrera por encima de burócratas, abogados, doctores, obispos que si bien pueden aportar a la lucha sus condiciones de vida los distancian del trabajador promedio. Si aspiramos a la toma del poder por parte de la clase obrera debemos empezar por crear líderes legítimos de la clase obrera. De igual forma, los que estemos haciendo llamados a manifestaciones, protestas y desobediencia civil debemos estar dispuestos todos y todas a lanzarnos a la calle y sufrir las consecuencias en igualdad de condiciones. Si los trabajadores de un taller están a las 5 de la madrugada frente a sus talleres, de la misma forma tenemos que estarlo los socialistas. Si la policía viene a darle palos a la gente, tenemos que estar con la gente defendiéndonos de la policía. La prensa, los celulares, las fotografías, las conversaciones teóricas pueden esperar para después. De otra manera no sembramos confianza de la gente y a la hora de hacer nuestros llamados aguerridos y valientes de lucha y resistencia en la calle no contaremos con apoyo.

Reiterando nuestra propuesta

Tanto la huelga general de Todo Puerto Rico por Puerto Rico, como el estado huelgario se han ido desinflando. Hemos entrado en una fase donde se nota el repliegue de los lideratos obreros burocráticos. De la misma manera el gobierno de Luis Fortuño está dando muestras de debilidades. Por un lado, la negociación con la SPT para dejar los conserjes en las escuelas con menor salario es la peor derrota que sindicato alguno puede obtener, por otro lado es una muestra del fracaso de la política de las Alianzas Público Privadas del gobierno neoliberal de Luis Fortuño. De otra parte, el subsidio de la luz y el agua a los caseríos es un intento de dicho gobierno de conquistar apoyo de un sector de la clase obrera. En si mismo es una concesión y hasta cierto punto una victoria, pues aunque es una medida de claro corte populista beneficiará a un sector que está viviendo más duramente la crisis económica. Definitivamente el objetivo es la división de sectores al interior de la clase obrera y los socialistas debemos luchar contra esta tendencia.

Estas señales de desgaste de la estrategia del Gobernador Luis Fortuño no necesariamente son indicativas que la ofensiva neoliberal ya pasó. En planes sigue la reducción del tamaño y costo del gobierno, la congelación de plazas, la re-estructuración de agencias, la instalación de APP, la privatización de la energía eléctrica, acueductos, carreteras, la creación de escuelas charter etc. La etapa que acabamos de pasar representó un golpe mayor para las internacionales y los lideratos más burocráticos del país, la AFL-CIO, la SEIU y la CPT. Las manifestaciones en contra de la Ley 7 vieron su apogeo en las fechas cercanas al 15 de octubre pero la incapacidad de estas organizaciones de preparar una respuesta contundente ante la estrategia de la burguesía las sumergió en la más dura derrota que hayan sentido. El despido de 20 mil trabajadores en un año no tiene precedentes en la historia reciente de Puerto Rico. La renuencia a lanzarse a la huelga, y el decaimiento de las acciones vistosas y llamativas del liderato de las uniones chupa-cuotas demuestran la bancarrota de estos lideratos.

La próxima etapa de la ofensiva patronal vendrá por los que quedamos, la UTIER, la FMPR, la HEEND y la UIA. La organización de una respuesta de esos sectores de la clase obrera es cuestión de vida o muerte. Lo que nosotros proponemos es que más allá del estado huelgario, comencemos un diálogo entre iguales de aquellas organizaciones sindicales que están dispuestas a dar la lucha por medio de un enfrentamiento con el Estado:

“¿Qué están esperando las uniones aludidas para articular acciones concertadas entre sí y con otros sectores como la Federación de Maestros, ante lo que les viene encima? ¿Están orientando y preparando a sus matrículas para lanzarse a la calle? ¿Van a esperar a que lleguen mejores días o se van a jugar ahora el todo por el todo para defender a sus afiliados? “ (L.A. Torres, 2009)

No se trata de hacer más y más piquetes, más conferencias de prensa, más paros mal organizados. Se trata de que los sectores con disposición a luchar se reúnan bilateralmente (o multilateralmente), y acuerden una estrategia de lucha a seguir. Pero estas coordinaciones tienen que darse de forma honesta entre los sectores que están verdaderamente dispuestos a dar la huelga. Tiene que haber la sinceridad para dialogar sobre las deficiencias de cada cual con el objetivo de vencerlas o al menos de minimizar su impacto. Lo que pretendíamos cuando hicimos el listado de uniones en nuestro artículo anterior, no era excluir del proceso a los trabajadores que no se mencionan, todo lo contrario. Es que si aquellos que están dispuestos a dar la lucha no se organizan, nadie lo hará. No negamos el dinamismo del proceso pues en cada etapa y en cada momento debemos evaluar las condiciones en que nos encontramos para ver si tenemos la fuerza suficiente para arreciar la lucha. Lo que sí negamos es el compromiso de algunos lideratos para lanzarse a la huelga jamás, para esos lideratos el estado huelgario es un lugar seguro en donde pueden hacer las manifestaciones que sean sin que se haga el trabajo para una verdadera paralización de la producción en el país.

En la FMPR ya la asamblea de delegados aprobó comenzar un plan de lucha encaminado hacia una huelga contra la privatización de la educación pública. En la FMPR retomaremos el camino de una lucha en ascenso, de concientización, organización y movilización. Hay que tomar en cuenta que cada sector tiene sus particularidades y que los procesos no son lineales ni homogéneos. Nuestra aspiración es preparar la matrícula y el magisterio para una lucha frontal, pero para ello la gente tiene que estar convencida. A diferencia de lo que plantea el artículo de Farinacci, nosotros no concebimos al magisterio como soldados de fila que obedecen una orden. La huelga tendrá que discutirse en las escuelas, en los distritos y en las áreas. Se realizarán múltiples asambleas, reuniones y discusiones y si no convencemos a un número considerable de trabajadores para lanzarnos a la huelga no se hará. Sin embargo haremos todo el esfuerzo posible por convencer a la matrícula de la necesidad de tal enfrentamiento. El problema con el concepto de estado huelgario, es que al no comprometerse nadie a lanzarse a la huelga unos sectores servirán de carne de cañón para otros. ¿De donde saldrá la gente para cerrar el centro comercial Plaza Las Américas, tomar el puente Teodoro Moscoso, amarrarse a los portones del Banco Popular, perseguir al Gobernador Luis Fortuño, realizar caravanas y demás? Saldrán principalmente de las organizaciones socialistas, del estudiantado y de la Federación de Maestros.

“Basta ya de la postergación de la movilización del estudiantado […] Las uniones están día y noche construyendo las condiciones para una huelga general; la declaración de un “estado huelgario” es el primer paso para este fin. […] Así que este semestre ante todo despido y atropello un acto revolucionario, sea cual sea.” (FUPI, enero 2010)

Precisamente el problema con el planteamiento del estado huelgario es que crea la ilusión que las actividades que se realicen están coordinadas en dirección a la “huelga general”. Cada sector debe prepararse de acuerdo a sus propias condiciones, y esa evaluación y trabajo debe vincular la situación nacional con los asuntos particulares de cada sector. Los estudiantes por sus particularidades tienden a ser más arriesgados y valientes a la hora de ejecutar sus acciones, pero deben evaluar con cautela el mejor momento para su huelga. Dicho proceso debe incluir reclamos estudiantiles específicos de corte clasista que masifiquen su lucha.

No cabe la menor duda que las condiciones que hay en Puerto Rico son propicias para un enfrentamiento mayor con el Estado. El problema es el tipo de trabajo que se realiza con la clase obrera. Los trabajadores están hoy dispuestos a hacer mucho más que lo que sus lideratos impulsan. El rol de los socialistas es fomentar la lucha no retrasarla. Caminemos hacia la huelga multi-sectorial, y el apoyo de las masas llegará.

Bibliografía

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Bernabe, Rafael. Comentario: En respuesta a Edwin. En re: “En estado huelgario 365 días al año” Centro de Medios Independientes Puerto Rico. 22 de enero de 2010. 25 de enero de 2010. <http://pr.indymedia.org/news/2010/01/41202_comment.php#41215>

Coalición Todo Puerto Rico por Puerto Rico. Comunicado de Prensa: Convocan al Pueblo a unirse al estado huelgario. Centro de Medios Independientes Puerto Rico. 16 de noviembre de 2009. 17 de enero de 2010. <http://www.indymediapr.org/news/2010/01/41175.php>

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