Skip to content

Análisis sobre la huelga de la UTIER (1981)

marzo 27, 2010

Movimiento Socialista de Trabajadores (MST)

Nota: Este ensayo fue publicado originalmente en la Edición Especial de Bandera Roja de abril de 1982, y posteriormente en la Revista Pensamiento Crítico. Lo reproducimos aquí por su relevancia a los debates contemporáneos sobre la dirección del movimiento obrero puertorriqueño y el rol de los socialistas en los sindicatos.  La posición reflejada por este documento no necesariamente representa la posición actual del MST, del Comité de San Juan o de sus miembros individuales.

Paro-marcha de la UTIER, 3 de octubre de 1980

Leer en formato PDF

Otros documentos históricos

Durante los últimos meses, la dirección y la matricula de la Unión de Trabajadores de la industria Eléctrica y Riego (UTIER) han estado envueltas en la evaluación del conflicto huelgario que durante 73 días sostuviera esa sindical contra la Autoridad de Energía EIE eléctrica (AEE). Esa evaluación y las lecciones que podamos obtener de la misma son fundamentales para aquilatar el resultado de la huelga y poder superar, en el futuro cercano, las carencias y errores principales evidenciados durante ese proceso.

El análisis autocrítico de esa experiencia es importante no solo para los miembros de la UTIER, sino también para todo el movimiento obrero y revolucionario de ese país máxime, cuando nos parece evidente, de los resultados del conflicto, que si bien el patrono ha aprendido mucho de las pasadas confrontaciones de clase en esa Autoridad, los trabajadores no hemos hecho lo mismo en esa dirección. Obviamente, está latente en esa conclusión un hecho de singular importancia: el sindicato en su conjunto y algunos sectores del movimiento revolucionario no han realizado una evaluación certera de los procesos huelgarios anteriores que permita lograr una preparación adecuada para enfrentar al patrono efectivamente. De ahí que sea una tarea impostergable, para todos los que estamos comprometidos con los intereses de la clase obrera, aunar esfuerzos en el análisis de la experiencia a que hacemos referencia.

En el interés de contribuir a ese análisis hemos dedicado este numero especial de Bandera Roja a la presentación de nuestra evaluación del pasado conflicto huelgario. Reconocemos de entrada, a modo de auto-crítica, que este análisis debió publicarse anteriormente para que nuestra contribución ala evaluación que realizaba el sindicato fuera mayor. Las múltiples tareas en que estuvimos envueltas las organizaciones que constituimos el Movimiento Socialista de Trabajadores (MST), entre ellas, el mismo proceso de fusión que llevo a la creación de este, no nos permitieron cumplir, como hubiésemos deseado, la tarea de publicar nuestro análisis del proceso huelgario con anterioridad. No obstante, creemos que el mismo tiene todavía Mucha vigencia y que puede contribuir, en la medida en que los trabajadores de la UTIER lo consideren, a la evaluación del conflicto huelgario en la Autoridad de Energía Eléctrica

UNA VICTORIA PARA EL PATRONO

Lo primero que hay que reconocer, aunque resulte penoso admitirlo, es que esta confrontación huelgaria constituyo una derrota aplastante para la UTIER. Es importante dejar esto establecido, pues, al finalizar la Asamblea donde se levanto la huelga, en sectores del liderato y la matricula de la Unión permeó un sentido de triunfo por haber derrotado la propuesta patronal para un convenio de cuatro años, que llevo incluso a algunos compañeros del liderato a señalar públicamente que el resultado de la Asamblea había sido “una gran victoria para el sindicato”.

Sin embargo, analizando objetivamente los resultados de la pasada huelga, hay que admitir que el patrono venció a la UTIER en este enfrentamiento. Esta conclusión se desprende de dos hechos sencillos. En primer lugar, después de 73 días de huelga, la matricula de la sindical ratifico, bajo protesta, la propuesta de la Autoridad que consistía de un aumento mensual de 50 y 55 dolares para el primer y segundo año respectivamente, en un convenio de dos años. Es decir, la matricula se vio obligada a tener que aceptar una propuesta que había hecho el patrono desde el segundo día de huelga. La lucha posterior desarrollada por los trabajadores de la UTIER no logro arrancarle al patrono ni un centavo más de aumento.

Es cierto que la matrícula derrotó la propuesta de cuatro años que tanto impulsó el patrono durante el último período de huelga. Mas la realidad es que lo que se hizo fue escoger entre dos alternativas favorecidas por el patrono, la mala y la peor. La propuesta de la Unión que consistía de un aumento de unos 89 y 80 dolares para un convenio de dos años no fue considerada por la Asamblea final en ningún momento.

Que el convenio logrado sea de dos años, lo cual obviamente es mejor que uno de cuatro, no debe confundir a nadie sobre los alcances de la derrota sufrida por el sindicato. El patrono ofreció un convenio de dos años porque le interesaba, entre otras cosas, lograr un objetivo que desde hace muchos años se había planteado: la unificación de la negociación de salarios con la de condiciones de trabajo. El patrono y el gobierno quieren quitarse de encima la presión que significa el tener dos negociaciones separadas, ya que esto establece un Clima de tensión obrero-patronal casi permanente en la Autoridad. Por eso, en su propaganda contra la UTIER, el patrono destacaba el que un convenio de dos años permitiría lograr la tan ansiada “paz obrero-patronal” en la Autoridad al unificar el convenio en una sola negociación Si el patrono logra su objetivo de unificar las dos negociaciones, inmediatamente tratara de que de ahí en adelante los convenios se firmen por cuatro años, para tratar de congelar las confrontaciones de clase en la Autoridad, quitándole una poderosa arma de presión política a los trabajadores.

En segundo lugar, el carácter de derrota aplastante de la pasada huelga se evidenciara matemáticamente en el estado de desmoralización y desorganización en que quedo el sindicato después de la huelga. La frustración, el desgano y la pasividad han sido las notas predominantes. Sectores importantes de la matricula están sumamente descontentos con el resultado del proceso huelgario y se sienten impotentes para enfrentar los desmanes del patrono. Factores que durante la huelga fueron más que evidentes en la poca presión que se ejerció contra el patrono y la poca asistencia a las líneas de piquetes. Esta situación es peor que el no haber logrado las demandas económicas del sindicato, pues puede crear un terreno fértil para que el patrono incremente su ofensiva para tratar de destruir el sindicato.

Por otro lado, mutila una de las funciones que deben cumplir las huelgas obreras, desde el punto de vista revolucionario, la de servir de educadoras, de escuela de lucha de clases, donde se creen condiciones positivas, aun en las derrotas, para elevar la conciencia política de los obreros. Una huelga donde lo que predomina es la pasividad, la frustración y la desmoralización durante y después del conflicto, sólo contribuye a fortalecer a los patronos.

¿Que factores determinaron la derrota de la UTIER?

Para poder contestar esta pregunta con la mayor precisión posible debemos ver, en primera instancia, aquellos factores que favorecían a los trabajadores y aquellos que favorecían al patrono, antes de decretarse la huelga.

FACTORES QUE FAVORECIAN A LOS TRABAJADORES AL DECRETARSE LA HUELGA

Al momento de decretarse la huelga en agosto de 1981, los trabajadores de la UTIER contaban con varios elementos a su favor.

En primer lugar, el patrono se encontraba en su peor momento en muchos años frente a la opinión publica. Esto era así por tres factores: a) acababa de decretar un aumento en las tarifas de energía eléctrica que recibió el repudio general del pueblo; b) estaba en todo su apogeo el escándalo de los seguros donde quedaron, al descubierto los sucios manejos de la alta gerencia de la Autoridad con los fondos de la agencia; y c) cobraba fuerza el rechazo del pueblo a los planes de construir una planta de carbón para la producción de energía eléctrica en Aguada. La UTIER había tornado parte activa en la denuncia y movilización frente a los abusos y la corrupción en la AEE y, por primera vez en su historia, el sindicato trascendió el estrecho marco de sus demandas económicas particulares, levantando reivindicaciones del pueblo trabajador.

En segundo lugar, contrario a la huelga de 1977-78 el gobierno del PNP se encontraba en una posición de menor fuerza. Esto era así, tanto por la pugna de poder que mantiene con el PPD en las diversas estructuras gubernamentales, como por el escaso margen con que ganó las elecciones pasadas. En 1977, el PNP acababa de advenir al poder y se encontraba más solido. Ahora se le conocía mucho mejor, estaba más desprestigiado y, si se sabía utilizar correctamente la contradicción PPD-PNP existente, la UTIER podía sacar provecho de esto y aumentar las posibilidades de arrancar al gobierno de Romero unas mayores conquistas salariales.

En tercer lugar, a la par con la huelga se empezaban a desarrollar otros conflictos como la huelga de los estudiantes universitarios y la lucha de los rescatadores de Villa Sin Miedo. Los tres conflictos, y los reclamos de amplios sectores del pueblo por que se resolvieran los mismos, constituían en si una presión que favorecía a los trabajadores de la UTIER.

Otros factores como la relativamente poca cantidad de recursos de la Policía asignados a la huelga, la poca ofensiva propagandística del patrono al inicio de la huelga en comparación a 1977, Y la ausencia al principio de una disidencia patronal organizada que llevara la voz cantante contra el liderato de la Unión, también estuvieron presentes.

Finalmente, otro elemento favorable a los trabajadores al momento de decretarse la huelga era el estado general del sistema eléctrico. Los apagones “selectivos” y las deficiencias en este eran la orden del día No obstante, el “deterioro del sistema eléctrico” que siempre se ha presentado como uno de los factores positivos principales, es necesario cualificarlo y ponerlo en su justa perspectiva en esta ocasión Si bien es cierto que el sistema de energía eléctrica no está en optimas condiciones, no menos cierto es que, ya sea por los subcontratos, por el gran mimero de gerenciales y supervisores técnicamente preparados, por la utilización de la UITICE o por los empates al sistema que ha hecho la AEE, el patrono ha podido mantener la producción y distribución de energía eléctrica con la ausencia de los 6,000 trabajadores que componen la UTIER. Quedó demostrado que el issue principal no estriba en si el sistema está deteriorado o no, sino en que el sistema no se cae solo.

FACTORES QUE FAVORECÍAN AL PATRONO

Había, al momento de decretarse la huelga, varios factores que favorecían la posición del patrono. Estos eran, a grandes rasgos, los siguientes:

En primer lugar, el enorme ejército de rompehuelgas con que cuenta la AEE. El patrono ha logrado constituir un amplio cuerpo de gerenciales y supervisores técnicamente capaces de mantener el sistema eléctrico funcionando. La agencia cuenta con una proporción de un supervisor por cada tres empleados unionados (mas de 2,000 en total) que en momentos de conflictos huelgarios le mantienen el sistema funcionando. Los argumentos sobre la alegada “incapacidad” de los supervisores y sobre los posibles “disgustos” de estos por los horarios que durante una huelga se les imponen, han probado su incorrección una vez mas. La realidad es que son un equipo de rompe huelgas capacitado para mantener la producción de electricidad y son un arma sumamente efectiva contra los trabajadores.

En segundo lugar, el patrono contaba, como sucede en todo sistema capitalista, con el apoyo incondicional de las instituciones represivas del Estado. La Policía, las cortes y demás recursos del gobierno estaban a la disposición del patrono.

Otro elemento, de menor importancia, a favor del patrono, y que ha estado presente en otras negociaciones, es el hecho de que la huelga se decreto durante el primer ano del cuatrienio electoral. Esto siempre ha beneficiado al gobierno, pues, un confrontamiento al principio del cuatrienio tiene necesariamente Menor efecto político que cuando se aproxima una elección.

Veamos ahora los factores principales que incidieron en la derrota de la UTIER.

UN LIDERATO DEFICIENTE

El elemento negativo más significativo evidenciado durante esta huelga y que estuvo presente en los principales errores y fallas cometidos, determinando el desarrollo del proceso de forma fundamental, lo constituyo las deficiencias del liderato nacional y local de la Unión. Las divisiones, conflictos y concepciones políticas erradas permearon la dirección del sindicato. Corresponde a los diferentes sectores que componían el liderato de la UTIER una alta cuota de responsabilidad por el desenlace que ha tenido este conflicto para la sindical.

Por un lado, hubo sectores del liderato nacional e intermedio de la Unión que se dedicaron durante el conflicto a desmoralizar y desmovilizar a la matricula y a desalentar cualquier acción de presión que pudiera hacerse. Esta triste tarea estuvo a cargo de miembros del PSP y otros sectores, encabezados por Samuel Trujillo Rebollo y Gil Ríos Mulero. Estos, aparentemente, pensaban más en las próximas elecciones del sindicato y en tratar de achacar la derrota de la huelga al grupo de compañeros encabezado por Ricardo Santos, que en el triunfo del conflicto frente al patrono. Los compañeros de la UTIER deben exigirle cuentas a este sector del liderato que, por su parte, tratara de usar esta derrota que ellos mismos contribuyeron a producir para desacreditar a otros sectores de la dirección del sindicato y recobrar el terreno que, por sus fallas y oportunismo, perdieron durante las últimas elecciones internas.

Sin embargo, no todas las deficiencias del liderato y las fallas evidenciadas durante el pasado proceso huelgario pueden y deben atribuirse a la labor del boicot, desmoralización y desmovilización que desarrollo el PSP y sectores afines. Hacer semejante adjudicación pecaría de unilateral y no tomaría en cuenta las deficiencias que exhibió el grupo de compañeros que constituía la mayoría en la dirección del sindicato. Sería perder la oportunidad de extraer de esta experiencia unas lecciones importantes que permitan a la UTIER superar las debilidades principales y prepararse para las luchas que tiene por delante.

Resulta necesario destacar el esfuerzo realizado por varios compañeros como Ricardo Santos, Carlos Reyes, José Rivera y otros, quienes durante este conflicto se fajaron y echaron sobre sus hombros los trabajos y la dirección de la huelga. Hay que recalcar también la militancia y combatividad del Capitulo de Río Piedras que de forma ejemplar combatió a lo largo del conflicto.

Sin embargo, hay que destacar también que el grupo de compañeros encabezado por Ricardo Santos y otros no estuvo a la altura de lo que el momento exigía Estos exhibieron importantes fallas y deficiencias que tuvieron grandes implicaciones sobre los resultados finales de la huelga. Veamos.

En primer lugar, como grupo mayoritario en el Consejo Estatal y principales promotores de la huelga, fueron los principales responsables de que, al momento de iniciarse las hostilidades, la Unión no contara con una estrategia coherente y definida sobre el desarrollo y la dirección que había que darle ala huelga. No se tenían unos planes definidos como grupo para la agitación y acción previos a la huelga que permitieran que la misma se decretara con toda la fuerza que se requería. No lograron derrotar o neutralizar la faena de desmovilización de la matricula que montó el PSP. Cuando se declaro la huelga era poco lo que se había hecho en aras de buscar y comprometer el apoyo de otras organizaciones sindicales, políticas y de masas a la lucha de la UTIER. Cierto es que las diferentes organizaciones políticas y sindicales debieron tomarse la iniciativa en sus gestiones de apoyo a la huelga, pero esto no excusa el que los compañeros que tenían sobre si la responsabilidad de dirigir esta lucha no hicieran las gestiones necesarias para, al momento de irse a la calle, haber nucleado el más solido respaldo posible del movimiento obrero y revolucionario del país. Frente a un patrono como la AEE, sólidamente apuntalado por todos los recursos del gobierno, es preciso no solo contar con las propias fuerzas de la UTIER, que ciertamente son las más importantes, sino tener el apoyo de los más amplios sectores sindicales y políticos del país. Ante la falta de una visión política correcta y una estrategia de como debía desarrollarse el conflicto, fue la improvisación y los esfuerzos encomiables, pero esporádicos y sin coherencia, lo que iba determinando las acciones que la Unión estaba tomando, la desesperación de este liderato los llevó a, no sin que otros compañeros les planteáramos a tiempo este error, lanzar la huelga con la falta de preparación en que se encontraba el sindicato.

En segundo lugar, el grupo de compañeros que era mayoría en la dirección del sindicato, permitió que muchas veces Mario Dones le impusiera sus concepciones vacilantes y reformistas al proceso. Fue precisamente Mario Dones la persona que más vacilantemente actuó en todo momento, que desde el inicio manifestó que le temía a la huelga (aunque públicamente la apoyara) y que estuvo a punto de entregarla en reuniones en cuartos oscuros con el patrono, quien salio más fortalecido de este proceso. El grupo de compañeros encabezado por Ricardo Santos no supo dar la orientación política más adecuada en todo momento, cediendo a los temores de “quemarse” y al chantaje de no romper “la unidad de la matricula” que en todo momento estuvo pegada con parchos.

La Unión acababa de salir de un proceso eleccionario interno donde se dividió dramáticamente en el apoyo a dos grupos de trabajo y sus respectivas concepciones sindicales. Las heridas de ese proceso no habían sanado ni cosa que se parezca y la división de la matricula era un hecho. No obstante, los compañeros perdieron de vista que una cosa es la unidad frente al patrono, unidad que se tiene que dar por encima de diferencias político-partidistas, y otra es la unidad de clase que se tiene que dar en el seno de la matricula. Esta última, para que sea real y no ficticia, tiene que darse sobre la base de la critica, del debate y el desenmascaramiento de aquellos que dicen defender los intereses de los trabajadores, pero no hacen más que aprovecharse de las luchas para sus propios intereses. La ausencia de unidad en la matricula era evidente (por la campaña de desmovilización del PSP y por la ausencia de una dirección coherente del proceso) y no se podía solucionar dejando a la cabeza precisamente a los sectores más vacilantes del sindicato.

En tercer lugar, este grupo, siendo los compañeros con una visión más amplia de todo lo que estaba sucediendo por ser de los elementos más avanzados de la dirección del sindicato, no lograron articular una alternativa que diera dirección al proceso y corrigiera los errores iniciales. El Consejo Estatal no se reunió lo necesario para evaluar la situación y dar dirección al sindicato. El grupo de trabajo que sirvió de base a los compañeros durante la pasada campaña eleccionaria no se reunió en una sola ocasión para evaluar los acontecimientos y tomar determinaciones a impulsar en la matricula. Si bien varios compañeros de este grupo de dirección se destacaron por su participación en los diversos aspectos relacionados con la huelga, dejando establecida fuera de toda duda su capacidad de trabajo y sacrificio y su gran potencial de liderato, muchos miembros del Consejo Estatal y las directivas de los Capítulos vinculados a la dirección progresista del sindicato, brillaron por su poca participación y su escaso destaque durante el conflicto.

En cuarto lugar, es preciso apuntar que esas deficiencias en cuanto a capacidad de dirección llevaron a algunos de estos compañeros a asumir posiciones contradictorias y ambiguas que contribuyeron a crear confusión entre la matricula del sindicato. Ese fue el caso de las declaraciones publicas emitidas por el compañero Ricardo Santos respecto al “Grupo Estrella” donde este señaló que este grupo posiblemente era un engendro patronal. Cualquiera que haya leído la propaganda del “Grupo Estrella” sabe que eso es falso. Nosotros no estamos de acuerdo con las posiciones políticas asumidas por ese grupo, creemos que las mismas son incorrectas particularmente porque exhiben un corte militarista y economicista. Sin embargo, sus posiciones siempre se han ubicado dentro del marco de la izquierda. Las declaraciones del compañero Ricardo, ademas de ser falsas y profundamente injustas, a lo único que contribuyeron fue a crear confusión en la matrícula de la UTIER.

Asimismo, nos parece que los compañeros no le concedieron la importancia que merecía a la tarea de explicar con profundidad ante la matricula cual alternativa de negociación (2, 3 o 4 años) se debía favorecer y por que. Por el contrario, se proyectó una gran ambivalencia que causó gran confusión entre los unionados y llevó a varios compañeros de reconocida actitud militante a tener dudas sobre si apoyar el convenio de dos años o el de cuatro.

Estas fallas y deficiencias en el funcionamiento responden a un hecho incontrovertible: en este grupo, a pesar de ser de los compañeros más avanzados de la UTIER, coexisten diversas concepciones político-sindicales matizadas por el economicismo.

En ese liderato existen concepciones que planteaban, con su practica, que la tarea no solo prioritaria sino exclusiva de los elementos más avanzados en el sindicato es la organización y la lucha puramente sindical de la matricula. Estos compañeros dan un énfasis excesivo a las tareas económicas de la lucha de los trabajadores, relegando totalmente la necesidad-de la organización y formación política de ellos y de la matrícula.

La huelga de 1977-78 demostró, como una de sus lecciones principales, y este conflicto nos lo vuelve a recordar, la necesidad de impulsar la organización política de los sectores más avanzados del liderato y la base del sindicato. La lucha obrera en los últimos años, con sus repetidas derrotas (Canteros, UTIER, Telefónica, Acuedutos, Petroquímicas, etc.) ha demostrado que las estructuras y el trabajo puramente sindical son insuficientes para dirigir y desarrollar victoriosamente las confrontaciones con el patrono. Es necesario complementar las estructuras sindicales con que cuentan los, trabajadores con mecanismos de organización independientes del sindicato que brinden una formación política solida a los trabajadores, que puedan analizar la coyuntura a que se enfrentan estos y que puedan impartir con sus análisis y acciones, dirección política acertada a los obreros en sus luchas. Se impone aprender de la experiencia y disponer los esfuerzos para lograr la organización política de los elementos más avanzados, militantes y comprometidos de los talleres en Consejos Obreros. Sólo así tendremos núcleos obreros capaces de implementar, no solo durante una huelga, sino en todo momento, las tareas políticas sindicales y de presión que exija la coyuntura.

Por otro lado, estuvieron y están presentes en la dirección del sindicato concepciones teoricistas que niegan la necesidad del trabajo político directo con la clase obrera, la necesidad o posibilidad de organizar a los trabajadores en estructuras de formación, análisis y trabajo y la urgencia de alcanzar una preparación técnica para el combate. Esta corriente hace abstracción de que para ganar estas luchas es preciso crear los instrumentos políticos que permitan afrontar las tareas que el momento exige.

Estas deficiencias del liderato progresista, junto con el boicot organizado del PSP, crearon un vacío de dirección política en el proceso que fue fatal. Es ahí donde debemos buscar las deficiencias en combatividad y militancia de la matrícula, la falta de preparación que existía al momento de decretarse la huelga, la ausencia de una estrategia de huelga coherente, etc. La incapacidad de la dirección de la UTIER para encauzar correctamente y darle dirección política acertada a este proceso fue el factor que más peso en el desenlace final del conflicto.

EL MOMENTO DE LANZAR LA HUELGA FUE PREMATURO

No obstante los elementos positivos que existían al momento de decretarse la huelga, debido a la ausencia de dirección política acertada, los trabajadores fueron al enfrentamiento con tres deficiencias adicionales que tuvieron un peso inmenso en el desarrollo ulterior de los acontecimientos.

Por un lado, no se ha había articulado un nivel de agitación, movilización y preparación de la matricula que sirviera de .antesala a la huelga. Pocos capítulos habían cumplido con sus funciones de preparar anímicamente a su gente para la huelga. En no pocos casos, compañeros de la UTIER llegaron incluso a pensar que esta sería una huelga corta y no existía una conciencia plena de lo que la misma implicaría.

En segundo lugar, cuando la Unión se lanza a la huelga, y durante la misma, no existía una estrategia de huelga articulada por el liderato de la UTIER. No habían unos planes coherentes y definidos de como se iba a dar conducción al proceso.

Por otro lado, los trabajadores no habían logrado la preparación necesaria para desarrollar los niveles de lucha que una huelga como esta requiere. está probado que para ganar una huelga en la AEE es preciso parar parcial o totalmente la producción y distribución de electricidad. Hay que apagar el país. así lo demostró la huelga de 1977-78 y lo ha vuelto a demostrar esta. Sin embargo, cuando se decretó la huelga los trabajadores no contaban con el nivel de preparación necesario para hacer valer este objetivo. La huelga comenzó sin que se hubiese realizado previamente ninguna acción de presión contundente contra el patrono. En algunas plantas se había hecho una que otra acción de presión, pero al momento de irse a la calle, el sistema eléctrico se mantenía intacto y no se le había propinado ningún golpe realmente fuerte.

En este panorama hay una realidad que nunca debemos olvidar: el conflicto en la AEE, a pesar de su larga duración, nunca llegó a ser una huelga en el sentido estricto del termino. Los trabajadores abandonaron las plantas e instalaciones de la empresa, pero las maquinas y demás instrumentos de trabajo siguieron funcionando, gracias. a la sucia, pero efectiva tarea de los gerenciales, supervisores y miembros de la UITICE. La producción de energía eléctrica no se detuvo en ningún momento. Eso, definitivamente, parece una huelga, parece un “Lock out” o cierre patronal. Para que exista realmente una huelga hay que paralizar la producción y distribución de energía eléctrica, parcial o totalmente.

Las implicaciones de esta realidad son sumamente graves, pero hay que afrontarlas si se quiere asegurar la posibilidad del triunfo. Mientras los trabajadores de la UTIER no tengan la capacidad para lograr que el lanzarse a la huelga coincida con la paralización de la producción de energía eléctrica, en el mismo momento o durante el conflicto, no vemos ninguna posibilidad de que puedan derrotar al patrono. Si esa verdad tan elemental no se hace realidad, es mejor no lanzarse ala huelga. Insistir en llevar a cabo una huelga sin paralizar la producción sera repetir los mismos errores y pagar las mismas consecuencias que hemos visto durante los dos últimos conflictos en la AEE: meses largos en la calle sin recibir un sólo centavo de salario, sin plan medico y, peor aun sin perspectivas de triunfo, ya que mientras las plantas sigan funcionando. los obreros no tendrán ningún medio fundamental para presionar al patrono. En tales condiciones la huelga, lejos de hacerle daño al patrono donde verdaderamente le duele, en sus ganancias, le estaría haciendo daño a los trabajadores.

Por tales razones, hay que plantearse buscar las formas de lucha que puedan servir para romper el esquema de “Lock out” que ha diseñado el patrono. Para lograr ese objetivo los trabajadores deben articular una estrategia de lucha que incluya, entre otros, los siguientes factores :
1.Conocer científicamente como opera el sistema de producción y distribución de energía eléctrica, cuales son sus puntos neurálgicos, como se puede paralizar y comenzar a desarrollar los mecanismos adecuados para lograrlo.
Diseñar una táctica para ganarse el apoyo de la matricula de la UITICE, enfatizando en la posibilidad de representarla sindicalmente.
2.Implementar una táctica de castigo ejemplar a los supervisores y gerenciales y a todos aquellos que se prestan para el trabajo de rompe-huelga.
3.Para poder cumplir con estas tareas, los elementos más avanzados de la UTIER y de la UITICE deben constituirse en un frente u organización amplia que cumpla la función de dar dirección política concreta dentro del sindicato con carácter permanente.

En la UTIER y en la UITICE hay varias decenas de compañeros que se consideran socialistas y que han demostrado en la practica su compromiso con los intereses de la clase obrera. A partir de estos compañeros puede constituirse un frente, definido ideológicamente por las simpatías hacia el socialismo que cumpla la imprescindible función de orientar políticamente a los trabajadores de la AEE en sus luchas. Insistimos en que el frente debe definirse ideológicamente por el socialismo porque para poder dar dirección política acertada y cumplir las tareas concretas que el momento exige, es necesario tener un “mínimo” de unidad política. Obviamente, eso no debe ser obstáculo para que al mismo puedan pertenecer compañeros que, no siendo socialistas, estén dispuestos a cumplir con los objetivos y tareas del frente.

LA MILITANCIA DE LOS TRABAJADORES

Otra deficiencia notable durante todo este proceso lo fue la escasa militancia de los trabajadores en las lineas de piquetes y en otras áreas de trabajo importantísimas para el triunfo del movimiento huelgario. A los pocos días de haber comenzado la huelga, las lineas de piquetes en casi todas las plantas y oficinas de la AEE permanecían desiertas o con una exigua cantidad de trabajadores. La desmovilización y desmoralización de la matricula caracterizaron la mayor parte del conflicto huelgario. Fue notable el caso de las oficinas centrales de la AEE en Santurce donde fue más el tiempo que no hubo piquetes que el que los hubo. Un caso parecido ocurrió en la planta de Puerto Nuevo, ejemplo de militancia y combatividad durante la huelga de 1977-78, que en esta ocasión sorprendió por la poca militancia de los trabajadores. Igual situación puede decirse de casi todos los restantes capítulos de la UTIER, con la honrosa excepción del Capítulo de Río Piedras.

Como señalábamos anteriormente, uno de los baluartes del patrono para enfrentar la lucha de los trabajadores lo constituye el numeroso cuerpo de supervisores y gerenciales con que cuenta para romper huelga. Obstaculizar y detener la libre entrada de estos rompe-huelgas a las plantas tiene que ser uno de los pilares de este tipo de lucha. La ausencia de militancia y combatividad en las lineas de piquetes permitió que los rompe-huelgas entraran y salieran a su antojo de las instalaciones, cumpliendo su trabajo sin mayores problemas.

Otra área en la que pudo notarse la falta de militancia y combatividad fue en la de las acciones de presión. La cantidad y calidad de estas acciones fue visiblemente inferior a enfrentamientos entre la UTIER y el patrono en ocasiones anteriores (1973, 1977-78).

Se demostró a la saciedad que una huelga que no cuente con la militancia y la combatividad de los trabajadores en los piquetes y fuera de estos no puede pretender ser victoriosa.

EL APOYO FUE INSUFICIENTE

Durante todo el periodo huelgario en la AEE hubo organizaciones que se destacaron por su apoyo incondicional y militante a los trabajadores de la UTIER y por sus esfuerzos significativos por contribuir a la victoria. En este renglón podemos ubicar al Movimiento Socialista Popular y al Partido Socialista Revolucionarlo (organizaciones fundadoras del Movimiento Socialista de Trabajadores MST). Estas organizaciones, no obstante sus limitaciones objetivas, pusieron a disposición de la lucha de los trabajadores todos sus recursos. Hay que reconocer auto-críticamente, sin embargo, que a pesar de que ambas organizaciones habíamos previsto el conflicto desde meses antes, no tuvimos la preparación necesaria para afrontar efectivamente algunos niveles de lucha que la huelga exigía. No basta con señalar, como hacíamos en otra parte de este análisis, que “los trabajadores no contaban con el nivel de preparación necesario para hacer valer su objetivo” de parar la producción de energía eléctrica. Hay que reconocer que nosotros, conociendo específicamente las necesidades de esta lucha, tampoco fuimos capaces de lograr la preparación necesaria que el momento exigía. Es preciso aceptar la cuota de responsabilidad que nos toca en el resultado del conflicto.

Otros grupos socialistas como el Circulo de Trabajo Comunista (CTC), el Taller de Formación Política (TFP), y el Colectivo Socialista de San Juan (CSSJ) también participaron, en la medida de sus recursos, en dicho proceso huelgario.

Sin embargo, otras organizaciones de izquierda que se denominan socialistas, fallaron malamente en su apoyo a la huelga.

Un ejemplo significativo de esto lo constituyeron las organizaciones militaristas del país (EPB-Macheteros, FARP, OVPR, CRP). Estas organizaciones, una de ellas con una presumible capacidad militar de envergadura (EPB), demostraron encontrarse fuera de sintonía con el pálpito de la lucha de clases del país. Antes habían impresionado al país con acciones que, aunque desvinculadas de la lucha de clases, demostraban una considerable capacidad militar (Sábana Seca, Base Muñiz, etc.). Sin embargo, cuando un sector estratégico de nuestra clase obrera se encontraba en lucha frente al patrono y al gobierno, estuvieron fundamentalmente ausentes. En este conflicto huelgario no desplegaron su alegado poderío de la forma en que se esperaba. Y lo que se requería no era sustituir a los trabajadores en huelga, sino brindar el más sólido apoyo, dentro de las capacidades de cada cual, a la lucha de tanta importancia para el futuro de la clase obrera.

El PSP limitó su apoyo a la huelga a manifestaciones esporádicas a nivel de la prensa y la opinión pública. No se envolvió con seriedad en ninguna tarea de apoyo y, a nivel interno, boicoteó organizadamente el éxito de esta lucha. Obviamente, hacienda excepción de algunos compañeros de la base de ese Partido que, en la medida de sus capacidades, se movilizaron en distintas tareas de apoyo a la huelga.

Resulta importante enfatizar y profundizar en la discusión de este elemento en particular, pues, es en la acción y no meramente en las palabras y los comunicados que se demuestra la solidaridad y el apoyo a las luchas de los trabajadores. Es fajándose en sus luchas que se contribuye a construir el partido que necesita la clase obrera puertorriqueña y se empieza a organizar a los trabajadores para la toma del poder.

PREPARARSE PARA CONTINUAR LA LUCHA

Todos estos elementos incidieron a nuestro juicio en el resultado de la huelga y contribuyeron a la derrota sufrida por los trabajadores de la UTIER frente al patrono. Corresponde a la matricula del sindicato someter a discusión estos y otros planteamientos que se hagan para extraer de esta experiencia las lecciones que nos permitan superar los errores cometidos y afrontar victoriosamente las batallas futuras.

Hay que prepararse para continuar la lucha dentro de los talleres, tanto para bregar con la situación de despidos y represión patronal, como para prepararse para la negociación de 1983. Hay que articular un plan de lucha y trabajo que debe incluir necesariamente: 1. la formación político-sindical de la matricula; 2. el enfrentamiento a los planes de despidos y represión patronal; 3. la propaganda y comunicación interna; 4. el rescate de los trabajadores de la UITICE de Manos del liderato corrupto y patronal de esa unión; 5. la organización de un verdadero equipo de análisis y trabajo de los elementos más avanzados del sindicato; 6. la preparación material de la Unión para las negociaciones que se avecinan, etc.

Otra prioridad del momento es el desarrollo de nuevas tácticas de lucha frente al patrono. El recurso de la huelga, tal y como se ha venido utilizando hasta ahora por la UTIER, ha probado ser insuficiente para derrotar a un patrono terco, intransigente y sumamente sólido como es la AEE. Este recurso, si quiere ser exitoso, tendrá que utilizarse en el futuro acompañado de acciones de presión desde adentro de los talleres que garanticen que, cuando la matricula se vaya a la calle, ya un trabajo importante se haya realizado. Hay que utilizar el recurso de la huelga con Mucha ingeniosidad y creatividad, pues el patrono ha demostrado que aprende de las experiencias pasadas. Corresponde, pues, que los trabajadores y el movimiento revolucionario no sólo igualemos esa capacidad de aprender de las experiencias que ha demostrado nuestro enemigo de clase, sino que logremos superado en los futuros combates.

Hemos perdido una batalla, pero no la guerra. La lucha continua y, aprendiendo las lecciones que nos brindaron las pasadas lucha confiamos en la capacidad de los trabajadores de la UTIER para transformar estas derrotas momentáneas en nuevas y contundentes victorias.

Anuncios
No comments yet

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: