Skip to content

Crisis, sindicatos y lucha de clases en el sector privado

marzo 31, 2010

Imagen tomada de http://www.militante.org

Crisis mundial, crisis colonial

El sistema económico mundial sigue en crisis. El capitalismo ya no puede mantener el mismo ritmo bestial de ganancias para los ricos y a la misma vez mantener tranquila a la clase trabajadora con un nivel de vida razonable. La opción es clara: reducir las ganancias de los ricos, o reducir el nivel de vida de los y las trabajadoras.

Decisión fácil para los políticos que sirven al capital. Aún más ganancias para los ricos, y “sacrificio” para los demás. Esto ha sido así en los Estados Unidos, bajo la decepcionante presidencia de Obama, y aún más en Puerto Rico, donde las políticas nefastas del anti-obrero Aníbal Acevedo Vilá empujaron al pueblo a elegir al empresario republicano Luis Fortuño,

La crisis económica es también una crisis política. Por eso a largo plazo es necesario construir un proyecto político de la clase trabajadora. Pero en Puerto Rico, también es la crisis de la colonia: hay que entender de una vez que un imperio en decadencia es una piedra enorme amarrada a nuestros tobillos, que nos hundirá cada vez más hasta que cortemos la soga.

La Ley 7, las APPs y el sector privado

Cuando se habla de privatización, incluso muchos que dicen oponerse a ella, pretenden confrontar a los trabajadores del sector público y el sector privado. No hay mentira más grande, y la Ley 7 y las APP son ejemplo de ello. Si hay un sector que le interesa lanzarse a la calle para detener la Ley 7 y las APPs, son los y las trabajadores del sector privado, por dos razones.

En primer lugar, porque más gente en la calle sin trabajo significa mayor competencia por empleos cada vez más escasos. Esto es un factor psicológico importante a favor de los patronos, que se aprovechan de la amenaza del desempleo para sacarnos cada vez más jugo y mantenernos calladitos. Pero también es una presión invisible que mantiene bajos nuestros salarios y beneficios. En el capitalismo, el trabajo es una mercancía como cualquier otra que responde a la ley de la oferta y la demanda: a mayor oferta (trabajadores desempleados), menor precio (salario).

Segundo, porque decenas de miles de desempleados nuevos significa decenas de miles de personas que consumen menos, lo cual tiene un efecto en cadena que afecta primero a los pequeños negocios pero a la larga toda la economía. Como los patronos siempre cortan por lo más fino, esto significa aún más despidos en el sector privado.

No en balde son los patronos del sector privado, y sobre todo los grandes bancos y multinacionales, quienes más apoyaron la Ley 7. Su apuesta fue a que aunque sus ganancias fueran afectadas a corto plazo por el impacto en el consumo, lograrían absorber a los desempleados a través de las APPs, quedando así una fuerza de trabajo más sumisa, más precaria y más desprotejida, pero dispuesta a seguir endeudándose para consumir.

La apuesta sólo tuvo éxito en parte. Ejemplo de ello es el bochornoso “acuerdo” al que tuvo que llegar el gobierno con el sindicato patronal de los conserjes en las escuelas públicas. Lo que no consiguieron fue APPs que llenaran ese espacio, o de lo contrario nunca hubieran re-contratado a algunos de los despedidos. No contaron con la debilidad del sector privado en la colonia. Lo que sí lograron fue dejar a los conserjes en una posición mucho más débil gracias a los líderes entreguistas y sumisos de su sindicato.

Las luchas más arduas que se avecinan serán precisamente en el sector privado, y para dar la lucha tenemos que organizarnos y crecer. En Puerto Rico, son muy pocos los y las trabajadores del sector privado que están sindicalizados, en parte por las campañas sucias de terror de los patronos. No es cierto que los sindicatos quiebren negocios, lo que pasa es que los ellos prefieren cerrar o largarse del país antes de bregar con trabajadores organizados, sobre todo si son militantes.

Ya se han perdido sobre 50,000 empleos netos en los últimos 20 años. No podemos permitir que siga pasando. Debemos prepararnos para tomar la ofensiva, ocupar nuestros talleres y exigirle al gobierno que use sus poderes de expropiación para darnos a los trabajadores y trabajadoras la propiedad colectiva sobre nuestros medios de producción.

Dos tipos de sindicato

Los sindicatos son una necesidad de la lucha de clases. En el capitalismo, los patronos nos sacan el vivir, mientras nosotros y nosotras nos organizamos para quedarnos con lo más que podamos de lo que producimos.

Lamentablemente, algunos sindicalistas, como el liderato de los Tronquistas, y como el ex-presidente de la Unión de Acueductos (hoy preso), se han ganado la reputación de mafiosos corruptos (que los patronos aprovechan). Pero el sindicato corrupto es sólo una subespecie de una especie más amplia: el sindicato burocrático. Se trata de lideratos que, con buenas o malas intenciones, se distancian de sus matrículas, y en muchos casos terminan haciéndole el trabajo sucio al patrono de silenciar y desmovilizar a los trabajadores.

El ejemplo más extremo de esto lo vemos en los sindicatos patronales del sector público, que después de aceptar el IVU y demás medidas antio-obreras de Aníbal y los Populares, hoy se dan golpes de pecho llamando a huelgas que no tienen ni la capacidad ni la voluntad de construir. Esto son menos cantos de sirena que cantos de cisne (que siempre canta antes de morir).

Desafortunadamente también hay sindicatos que comenzaron militantes, pero que se han burocratizado, preocupándose más por estar de buenas con el patrono que por ser instrumento de lucha de los trabajadores. Ello se debe a diferentes razones, no necesariamente a la corrupción: miedo a perder, distanciamiento de la matrícula, darle demasiado poder a los abogados (que por cierto, cobran por su trabajo).

Estos líderes siempre tienen la puerta abierta para retomar el camino de la militancia. Pero esa decisión les corresponde a ellos, y los trabajadores no tenemos por qué detener la marcha de nuestros reclamos esperando a que caigan en tiempo.

El ejemplo del magisterio

Un ejemplo de lo que debe ser un sindicato es la Federación de Maestros de Puerto Rico (FMPR). Contrario a los “consejos” de muchos, la FMPR escuchó la voluntad unánime de su Asamblea y se lanzó a la calle con una huelga contundente de 10 días en febrero del 2008, logrando un aumento significativo para su matrícula, y deteniendo por el momento la implementación inminente de las escuelas “Charter” privatizadas.

A pesar de ser “descertificada” por el gobierno/patrono por haberse lanzado a la huelga, la FMPR luego venció al Sindicato Patronal que pretendía apoderarse de las cuotas de los maestros, y reorganizó a sobre 11,000 maestros y maestras que pagan su cuota voluntariamente. Hoy por hoy es la única organización obrera con capacidad real de movilizar al magisterio puertorriqueño.

Construir desde abajo, luchar para vencer

Para evitar la burocatízación, lo esencial es la militancia consistente. Hay que reconstruir nuestros instrumentos de lucha desde abajo. Hay que participar activamente y no dejárselo a otro (que más tarde que preferirá defender su quiosco a dar la cara). Hay que aprender de los errores de quienes se quedaron a medias, y explorar nuevos vehículos y oportunidades. Sobre todo, nunca conformarnos: “vencer” no significa conseguir las migajas del patrono, sino arrebatarles el poder y construir un país y un mundo donde nosotros y nosotras gobernemos democráticamente.

Anuncios
No comments yet

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: