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El sindicalismo puertorriqueño frente a la política neoliberal de los partidos patronales

junio 7, 2010

Guillermo Rojas
Comunista Independiente

Nota: Las opiniones contenidas en este artículo no necesariamente son compartidas por el Comité de San Juan del Movimiento Socialista de Trabajadores ni sus miembros individuales.

Con la derrota de los trabajadores de la telefónica se abre una espiral en donde sectores de la pequeña burguesía independentista junto al liderato del sindicalismo empresarial norteamericano, ya localizado de forma cómoda en la isla, se convierten en los portavoces de la lucha de Vieques. Por un lado, se derrota a los huelguistas de la telefónica y por otro se le insufla energía social al reformismo pequeño burgués del independentismo que funciona como primo hermano del Partido Popular Democrático y que como primo al fin le prestará su energía para obtener el triunfo electoral del 2000. Ello a costa de los empleos de miles de trabajadores de la Puerto Rico Telephone Company.

[…]

La espiral del sindicalismo empresarial norteamericano se desarrolla de esta forma: derrota de la huelga de la telefónica, legitimidad social en la lucha de Vieques, y alianza sustancial con la administración Acevedo Vilá en los golpes a las sindicales puertorriqueñas. Ese es el contexto en el cual el nuevo gobierno de Luis Fortuño asume la administración colonial.

Los sindicatos puertorriqueños no afiliados a la AFL-CIO golpeados y debilitado y el sindicalismo empresarial de la AFL-CIO en la isla amarrados y cómodos en los parámetros legales de la ley 45, sin voluntad para retarla, no han podido enfrentar la ofensiva patronal de los despidos de empleados públicos.

[…]

Ante este escenario es quimérico plantear la organización de un partido de los trabajadores. Un partido obrero no se decreta surge de las entrañas del movimiento obrero, de sus luchas y necesidades, no de las necesidades ideológicas de un sector seudoradical con aspiraciones electoralistas que refrenda en su praxis el modelo político colonial burgués en la isla. Un partido obrero no surge de sectores profesionales pequeño burgueses que piensa que la realidad social de los trabajadores es medible y encajonable en sus dogmas progresistas.

El sindicalismo puertorriqueño actual es producto histórico directo del proceso de sindicalización que tuvo sus inicios en lo que hoy conocemos como nuevo sindicalismo en los años setenta.

A lo largo del siglo XX el sindicalismo puertorriqueño ha experimentado dos momentos de renovación organizacional. La primera sucedió a raíz de la huelga portuaria de 1938 que evidenció el fracaso de la Federación Libre de Trabajadores (FLT), filial nativa de la American Federation of Labor, y abrió las puertas a un proceso de renovación sindical donde una clase trabajadora urbana y rural se organizó en lo que se llamó la Confederación General de Trabajadores, (CGT). Un signo evidente de la decadencia de la FLT durante la década del treinta fue el llamado que los trabajadores en huelga de la caña, en 1933-34, le hicieran a Pedro Albizu Campos para que se dirigiera a los mismos como símbolo de la oposición vertical al imperialismo en Puerto Rico.[1]

La influencia nefasta del Partido Popular Democrático (PPD) en las filas de la CGT llevó a la división de esta importante central sindical para garantizar la paz laboral que las corporaciones extranjeras necesitaban para su establecimiento en la isla. Además, que con la división de la CGT (en la CGT-auténtica y la CGT-PPD) el gobierno colonial dirigido por Luís Muñoz Marín y el PPD le abrieron el espacio a la política empresarial de la American Federation of Labor (AFL) en los años de 1950 y 1960. Durante las décadas señaladas el dominio del sindicalismo empresarial norteamericano (esta modalidad de sindicalismo tradeunionista es uno economicista, donde los dirigentes y funcionarios sindicales obtienen salarios altos parecidos a la de la alta gerencia de las industrias, abogan por la paz social en los centros de trabajo, negociando y pactando con el patrono, esta modalidad sindical norteamericana fue la que fragmentó y dominó el sindicalismo puertorriqueño durante las décadas señaladas).

En la década de los sesenta y setenta con el surgimiento del nuevo sindicalismo, el movimiento obrero puertorriqueño comienza a enfrentar al sindicalismo empresarial norteamericano y a organizar uniones independientes de la AFL-CIO. Durante la década de los setenta se organizaron varias instancias de unidad sindical como el Movimiento de Acción Sindical (MAS) antecedente del Movimiento Obrero Unido (MOU). El MOU fue la primera instancia unitaria sindical puertorriqueña clasista que impulsó un trabajo de organización obrera contrario al sindicalismo empresarial norteamericano. Durante la década del setenta se organizan varias organizaciones sindicales puertorriqueñas como fueron: la Unión Nacional de Trabajadores de la Salud, la Federación de Maestros de Puerto Rico, la Hermandad de Empleados Exentos No-Docentes, la Unión Independiente de la AAA, la Unión de Empleados de Edificios Públicos, la Unión Independiente de Empleados de la Compañía Telefónica, entre otras.

Los niveles de organización y lucha de los trabajadores organizados en estas organizaciones sindicales lograron alcanzar unos niveles de beneficios salariales y marginales importantes para el movimiento obrero puertorriqueño. La oposición de los trabajadores organizados a los partidos patronales (Partido Popular Democrático-Partido Nuevo Progresista) era clara y definida. Los niveles de educación sindical en las filas de estos sindicatos clasistas eran productivos y mantenían a una base sindical activa, consciente y dispuesta a la lucha.

A lo largo de la década de los ochenta, ese movimiento sindical se organizó en una instancia que se llamó el Concilio General de Trabajadores (CGT). Dicha instancia sindical es quien organiza junto a otros sindicatos la oposición obrera a los primeros intentos de venta de la compañía telefónica en la última administración del exgobernador Rafael Hernández Colón del Partido Popular Democrático.

Durante la década del noventa, el movimiento sindical puertorriqueño entra en una crisis organizativa, decae el fomento de la educación sindical en las bases de los sindicatos, las movilizaciones sufren un descenso mientras las políticas de privatización comienzan a implantarse de forma prolongada pero agresiva en las agencias y corporaciones gubernamentales. La tercera invasión de la American Federation of Labor se realizó bajo el dominio del Partido Nuevo Progresista (la primera invasión de este sindicalismo empresarial se dio bajo el dominio del Partido Unión de Puerto Rico y la segunda, en los años de 1950-1960, bajo el patrocinio del Partido Popular Democrático) y se continúo con la administración del PPD del 2000-2008. Con la aprobación de la Ley 45, que impulsó la organización sindical de los empleados públicos el gobierno colonial le ofrece en bandeja de plata el espacio sindical puertorriqueño al sindicalismo empresarial norteamericano.

La huelga de los trabajadores de la telefónica y el sindicalismo empresarial norteamericano

Irónicamente, la violenta huelga en contra de la venta de la Telefónica logró entronizar el poder de la AFL-CIO en las filas del movimiento obrero. La ofensiva de la Administración de Pedro Rosselló en la neutralización de los sindicatos del sector público encontró terreno fértil ante el desgaste organizacional del movimiento obrero en su conjunto. Con un movimiento sindical estancado en lo concerniente a la educación, organización y movilización, con un liderato obrero local burocratizado buscando alianzas de gran familia con sectores parasitarios de la burguesía colonial (Cumbre Social) el terreno sindical estaba sumamente adecuado para la nueva ofensiva del sindicalismo empresarial norteamericano. Un liderato obrero que bajo las perspectivas de la nueva izquierda en los años sesenta y setenta lucharon precisamente contra lo que se denominó el colonialismo sindical. A partir de la década de los noventa ese liderato obrero sucumbió ante los salarios empresariales de la AFL-CIO. En ese terreno es que se desarrolla la huelga de los trabajadores de la Telefónica. Su derrota tiene que ver con ese liderato obrero local burocratizado y adepto al sindicalismo empresarial norteamericano.

La incidencia de algunos líderes locales, muy pocos y débiles, con una vocación clasista y anti-sindicalismo empresarial en el proceso huelgario fue muy pobre. De igual manera la incidencia épica de la anémica izquierda puertorriqueña no cosechó nada de dicho proceso. En ese sentido, la derrota de la huelga de los trabajadores de la telefónica entronizó el poder del sindicalismo empresarial norteamericano en la isla.

Hay quienes sostienen que la huelga de los trabajadores de la telefónica alimentó la movilización de la lucha contra la Marina de Guerra en Vieques. Hay muchas formas en que un proceso puede alimentar de forma eslabonada a otras luchas. Con la derrota de los trabajadores de la telefónica se abre una espiral en donde sectores de la pequeña burguesía independentista junto al liderato del sindicalismo empresarial norteamericano, ya localizado de forma cómoda en la isla, se convierten en los portavoces de la lucha de Vieques. Por un lado, se derrota a los huelguistas de la telefónica y por otro se le insufla energía social al reformismo pequeño burgués del independentismo que funciona como primo hermano del Partido Popular Democrático y que como primo al fin le prestará su energía para obtener el triunfo electoral del 2000. Ello a costa de los empleos de miles de trabajadores de la Puerto Rico Telephone Company.

El sindicalismo puertorriqueño del nuevo milenio

La administración de Aníbal Acevedo Vilá emprendió una ofensiva feroz contra los sindicatos que no han caído en las redes del sindicalismo empresarial norteamericano: la Unión de Trabajadores de la Industria de la Enería y Riego, la Federación de Maestros de Puerto Rico y la Unión Independiente de la AAA. De estas tres sindicales es de donde surgió la resistencia sindical a la política antiobrera de Acevedo Vilá con la complicidad del liderato del sindicalismo empresarial norteamericano, que se engrandeció en la lucha de Vieques al lado de ese independentismo reformista pequeño burgués y antiobrero. En este proceso se escenifica la importante huelga magisterial de la FMPR retando la ley 45 y contra el patrono del Departamento de Educación y la huelga de los trabajadores de la UIA. En este escrito no puedo detenerme en el análisis particular de estos procesos huelgarios ya que los mismos merecen un análisis singular por la complejidad de los mismos.

La espiral del sindicalismo empresarial norteamericano se desarrolla de esta forma: derrota de la huelga de la telefónica, legitimidad social en la lucha de Vieques, y alianza sustancial con la administración Acevedo Vilá en los golpes a las sindicales puertorriqueñas. [2] Ese es el contexto en el cual el nuevo gobierno de Luis Fortuño asume la administración colonial.

Los sindicatos puertorriqueños no afiliados a la AFL-CIO golpeados y debilitado y el sindicalismo empresarial de la AFL-CIO en la isla amarrados y cómodos en los parámetros legales de la ley 45, sin voluntad para retarla, no han podido enfrentar la ofensiva patronal de los despidos de empleados públicos.

El sindicalismo empresarial norteamericano intenta levantar el modelo de frente amplio con sectores reformistas, de Paz y Ayuno. Frente amplio que aglutina a los mismos sectores que dieron la lucha pacifista burguesa de Vieques.

La única respuesta fue la marcha del 15 de octubre del 2009. El mal denominado paro nacional pues todavía seguimos definiendo la realidad según los esquemas fundamentalistas de lo que hoy sería la vieja izquierda, acomodada a la lucha de Paz y Ayuno y al consenso soberanista que tuvo como emblema sintomático al alcalde y General de la Guardia Nacional, Lic. William Miranda Marín.

Ante este escenario es quimérico plantear la organización de un partido de los trabajadores. Un partido obrero no se decreta surge de las entrañas del movimiento obrero, de sus luchas y necesidades, no de las necesidades ideológicas de un sector seudoradical con aspiraciones electoralistas que refrenda en su praxis el modelo político colonial burgués en la isla. Un partido obrero no surge de sectores profesionales pequeño burgueses que piensa que la realidad social de los trabajadores es medible y encajonable en sus dogmas progresistas.

Escenario del futuro

El futuro para la clase obrera y el sindicalismo puertorriqueño no es nada alagador. La crisis del capitalismo se profundiza sin tener claros horizontes para el porvenir. La misma clase empresarial parasitaria e incompetente sigue manteniendo las riendas de la economía sin oposición eficaz. Miles de trabajadores puertorriqueños han sido lanzados a la calle sin alternativas de empleos previsibles. La visión pequeño burguesa de hacer de cada trabajador desplazado un pequeño comerciante tampoco ha rendido ni rendirá frutos.

Los burócratas sindicales empresariales seguirán cobrando sus jugosos sueldos e impulsando a sumarse al cabildeo bipartita, al estilo de la política norteamericana, con la prensa corporativa a su favor. Las sindicales puertorriqueñas no afiliadas a la AFL-CIO en su trinchera defensiva y debilitada no podrán articular una respuesta contundente a la ofensiva patronal de la Ley 7. Los sectores políticos del movimiento obrero con su lógica contestaria y de política de bomberos tampoco podrá articular una oposición contundente a la ofensiva patronal. Mientras miles de familias obreras son reducidas a la miseria y a someterse a la raquítica beneficiencia social o a la llamada economía informal.[3]

Presos de la debilidad del sindicalismo puertorriqueño, los miles de trabajadores cesanteados se tendrán que conformar con la futura “creativa” desobediencia civil para las cámaras de televisión, con los regaños de la tía Wilda Rodríguez “que eso les pasa por no votar por Aníbal”, o con el vanguardismo caricaturesco de los sectores de la vieja izquierda. Espectáculos que van a nutrir nuevamente la alianza de los sectores reformistas pequeño burgueses del independentismo con el Partido Popular Democrático y esos miles de cesanteados tendrán que operar con el chantaje oportunista de estos sectores y presos de la cultura política puertorriqueña de los dos partidos patronales. Esperanzados en que el otro partido patronal será un poquito más bondadoso, la clase trabajadora puertorriqueña correrá a votar por el PPD o por un candidato del sector populista del PNP. Esperando la próxima señal de combate de la lucha de PAZ y AYUNO.

1. Se ha desarrollado toda una discusión sobre la intervención de Albizu en esta huelga en la historiografía puertorriqueña destacándose los ensayos de Georg H. Fromm. Sin embargo, no se ha realizado una investigación histórica rigurosa sobre este hecho ni sobre el Partido Nacionalista-Movimiento Libertador. El Taller de Formación Política en sus trabajos ha realizado una buena exposición histórica sobre la visión del Partido Nacionalista en torno al movimiento obrero.

2. Este liderato de la AFL-CIO en Puerto Rico apoyó con una marcha el impuesto del 7% al consumo en la denominada marcha de las habichuelas.

3. Hay que ver si la Ley 7 viene a crear una nueva estructura del mercado laboral en Puerto Rico.

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