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El próximo escalón

junio 12, 2010

La Huelga Estudiantil y el futuro de la lucha
Comité de San Juan, MST

En el Comité de San Juan del MST habemos estudiantes huelguistas, profesores, familiares, maestros federados y otros trabajadores y trabajadoras que hemos participado directamente o acompañado muy de cerca la huelga. Estamos especialmente orgullosos y orgullosas del papel clave que ha jugado la Unión de Juventudes Socialistas, brazo estudiantil de nuestra organización, en este proceso amplio y democrático de lucha.

La Huelga Estudiantil del 2010 hoy cumple 53 días, y se ha propagado a todo el sistema de la Universidad de Puerto Rico (aunque por las particularidades del recinto, en Ciencias Médicas no haya podido decretarse la huelga indefinida), e incluso, brevemente, a la Escuela de Artes Plásticas. Este proceso, con sus asambleas, ocupaciones, piquetes, marchas, conciertos y performances de diversa índole, ha contado con la participación activa de miles de estudiantes en todo el país, y el apoyo solidario de muchos más y del pueblo trabajador en general.

La huelga no se da en el vacío

Esta histórica lucha no se ha dado en un vacío. Es el resultado del trabajo dedicado, consciente y disciplinado de decenas de luchadoras y luchadores (organizados y no organizados), durante varios años. Por más que la traten de comparar “positivamente” con todas las huelgas anteriores, se ha nutrido y fortalecido precisamente de los aciertos y errores de ese rico legado. Lo creativo, la amplio, lo participativo y tantas otras cualidades buenas que se le atribuyen a este movimiento, son efecto de un proceso democrático de toma de decisiones que ha permitido combinar la combatividad con la proyección “mediática”, sin descartar de antemano ningún método de lucha.

El proceso ha agenciado el cruce de saberes y experiencias desde la base de los huelguistas, permitiendo que sea la praxis, en última instancia, la que determine el ritmo de la marcha. Quienes se oponían tenazmente a la huelga indefinida hoy no quieren que termine. Quienes rechazaban el uso de métodos de auto-defensa y protección de identidad hoy entienden su validez en determinados momentos. Quienes se mofaban de la limpieza del recinto y el reciclaje como caprichos “jipiolos” hoy insisten en el cumplimiento de dichas tareas. Es esa flexibilidad y ese entendimiento dialéctico del proceso (además de una coyuntura económica y política muy favorable) lo que ha propiciado – no sin conflictos y contradicciones (pero de eso precisamente se trata) – los logros y avances que se han alcanzado, y no la imposición a priori de nociones preconcebidas sobre métodos y estilos “nuevos” y “diferentes”, como han pretendido algunos.

Estimulada por esta combinación de factores, la amplitud de la huelga también se ha visto reflejada en los múltiples sectores universitarios y no-universitarios que se han allegado a ella. Desde el comienzo, las y los profesores y empleados del sistema, así como las madres y padres de los huelguistas y otras personas solidarias, hemos estado en los portones, firmes en nuestra solidaridad con el estudiantado y en nuestro compromiso con la educación pública, ante el ataque incesante de los intereses capitalistas externos y ajenos a la institución, que la mal gobiernan y buscan descuartizar y privatizarla a como de lugar. Además de estos, organizaciones sindicales, comunitarias, artísticas y religiosas han dicho presente en diversas manifestaciones de apoyo a la huelga.

La chispa sigue encendida; la pradera está mojada

Por un momento muchos quizás llegaron a pensar, incluso, que la valentía y voluntad de lucha del estudiantado podrían ser la chispa que hiciera estallar el polvorín de tensiones sociales generadas por la ofensiva neoliberal del gobierno de turno, sacudiendo de su letargo al adormilado movimiento obrero del país. Sin embargo, y a pesar del desbordamiento de la solidaridad del pueblo en los momentos de mayor tensión, desde poco después del “Paro Nacional” de 24 horas en apoyo a los estudiantes, el liderato sindical (con las honrosas excepciones de siempre) parece haber desaparecido del panorama.

Cualquiera que conozca la trayectoria reciente del movimiento obrero podía haber predicho este resultado. Su aparente entumecimiento no se debe a que no haya descontento entre las bases, o que falten razones para luchar, sino a la encerrona estructural y jurídica en la cual el mal llamado liderato obrero ha incrustado a sus organizaciones, transformándolas de instrumentos de lucha en meras empresas proveedoras de servicio. Esto no es un resultado accidental o momentáneo de una serie de errores desafortunados, sino el producto directo de sus concepciones ideológicas sobre los conflictos sociales y el rol de los sindicatos.

Mal pueden retar la Ley 45 (que ellos mismos impulsaron), arriesgando así las cuotas que les garantizan salarios de ejecutivo, quienes conspiraron con el Estado para imponerle el IVU al pueblo trabajador, o para destruir a uno de los pocos sindicatos que sí luchan, – ¡y menos aún ahora que a muchos le han tumbado la mitad de las cuotas! Tampoco puede esperarse que las trabajadoras y trabajadores respondan raudos y veloces al llamado de líderes que tanto les han fallado.

Ante esta realidad, es más que iluso imaginar que la huelga estudiantil puede encender el motor de una huelga general. Quien no da un tajo en defensa propia no lo dará por los estudiantes. La única esperanza real que queda para resistir los efectos devastadores de la Ley 7 y la privatización, es una huelga contundente de aquellos sindicatos que operan en sectores estratégicos, que sí han demostrado históricamente su disposición de lucha – posibilidad que no puede ser descartada durante el próximo semestre, pero que aún no se ha concretizado.

Implicaciones para el movimiento estudiantil

Para el movimiento estudiantil, en este momento avanzado y delicado de su huelga, esta realidad tiene dos implicaciones fundamentales. Primero, que las decisiones que se tomen sobre el transcurso de la huelga no pueden descansar sobre la esperanza de que en este momento surja otro frente de batalla que obligue al Estado a dividir y diluir sus fuerzas y sus esfuerzos. El futuro de la huelga debe decidirse en consideración a las fichas que están sobre el tablero ahora. Segundo, que el estudiantado debe reflexionar sobre el alcance de sus reclamos, sus implicaciones a largo plazo y su articulación con las luchas que enfrenta el resto del pueblo trabajador.

Para quien la lucha universitaria se limite al contexto universitario, no trascienda los reclamos específicos del momento o no tenga relación con la sociedad que la rodea, no hay razón para seguir luchando luego de que concluya el proceso, por lo que pudiera cobrar especial urgencia asegurar todos los reclamos del estudiantado. Quienes, sin embargo, vemos el proceso como parte de una lucha amplia por transformar radicalmente la sociedad, hemos tenido claro que esta no será la última batalla que se libre en la UPR. Lo importante no es que se cumplan todos los reclamos, sino los suficientes para crear conciencia de que la victoria se obtiene luchando y que el movimiento alcance un escalón sólido desde el cuál impulsarse hacia el próximo.

En ese sentido, aunque la decisión final corresponde a las bases del estudiantado huelguista, nos permitimos hacer una observación final de rigor. Aunque nadie lo desea, un desalojo forzado, en un momento de fuerza estudiantil, no es el peor escenario posible en términos del futuro de la lucha. El peor escenario sería uno en el que la huelga se haga sal y agua bajo el peso del desgaste y el cansancio. Aunque no podemos saberlo con certeza, es evidente que una de las opciones que la administración está evaluando es cerrar hasta enero, decisión que haría mucho más probable este segundo escenario.

Asegurar para resistir, organizar para vencer

Ante esta alta probabilidad, lo imperativo es asegurar (certificar) las concesiones ya logradas, para poder dar el próximo paso desde una posición sólida. Los demás reclamos del estudiantado, aunque por razones obvias son de gran importancia, no necesariamente requieren de la palabra de la administración (que a fin de cuentas sabemos que no vale nada) para hacerlos valer, si se logra salir de ésta con suficiente fuerza. Un movimiento victorioso, fortalecido, descansado y con tiempo para reagruparse será el vehículo más efectivo para resistir y contrarrestar cualquier intento de imponer sanciones o alzas y cuotas nuevas. Esta misma fuerza será además la única garantía verdadera de que se cumpla lo certificado, y el mejor impulso para los reclamos históricos del estudiantado que quedan pendientes.

Un problema frecuente de las luchas estudiantiles es que, por su naturaleza efímera (excepto Milton, nadie es estudiante universitario toda la vida), a menudo carecen de la continuidad y empuje necesario para asegurar lo logrado. Por ende, sólo la organización política del estudiantado (que puede nacer y florecer en cien formas distintas) puede brindar la consistencia necesaria para detener y derrotar la política privatizadora que el gran capital intenta implementar en las universidades.

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