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Huelga General en España

octubre 2, 2010

Foto: Lahaine.org

Aleksiván Calderón
Bandera Roja

El humorista gráfico español Andrés Rábago García, mejor conocido como El Roto, preguntaba a modo de reflexión “¿Cómo es que fracasa el capitalismo y se hunde la izquierda?” Esto lo debió pensar mucha gente mientras veía con asombro e indignación como el gobierno “socialdemócrata” de José Luís Rodríguez Zapatero corría al rescate de la banca arrojando el dinero público, cual salvavidas para el Titanic financiero que se hundía con todo y orquesta. El gobierno de Zapatero ha destinado más de 150.000 billones de euros al rescate de los bancos, cajas y otras entidades financieras. Dinero que se entregó sin ningún tipo de control o monitoreo sobre su empleo o inversión. Mientras, el aumento del desempleo continúa creciendo y se sitúa en un 20%, cerca de 5 millones de trabajadores están en la calle. No se vislumbra una pronta recuperación al final de la montaña rusa de los altos y bajos de la espiral capitalista.

El efecto de estas medidas de rescate al sector financiero, supone que el pueblo trabajador, que poco ha tenido que ver con la crisis, a parte de sufrirla tiene ahora que salir al rescate de los bancos y continuar financiando los caprichos del juego de azar capitalista. No hay que ser un experto en economía para reconocer que si el dinero público en un Estado se dirige al rescate de la banca, que los bancos no ofrecen créditos y desempleo va en aumento; dicho Estado quiebra.

Ante este escenario, el Gobierno español adopta las recomendaciones de la Unión Europea y los Mercados Internacionales. Enseguida ponen en marcha los programas de ajustes basados en los principios del neoliberalismo, que reducen el Estado de Bienestar y derechos de los trabajadores en aras de un mal llamado “ahorro del gasto público”. De esta manera, se amplía el campo de acción para que el capital financiero retome el partido desde una posición fortalecida en claro detrimento de los derechos de los trabajadores.

La aplicación formal y normativa en la profundización del proyecto neoliberal en España se proyecta a través de la nueva reforma laboral (Ley 35/2010), aprobada en el Congreso. Esta reforma a simple vista supone una devaluación de los derechos sociales y los derechos de los trabajadores. A grandes rasgos la nueva reforma:

– Abarata y facilita el despido
– Refuerza el poder unilateral del empresario para modificar las condiciones laborales de los trabajadores, aunque estén establecidos en una norma laboral como lo es un convenio colectivo.
-Permite una mayor discreción empresarial para obviar incrementos salariales pactados en convenio.
-Aumenta la temporalidad laboral estableciendo permitiendo al empresario la cesión de un contrato “por eventuales circunstancias de la producción”.
-Disminuye la competitividad de la economía basándola en reducción de los costos laborales y no en innovación.
-Reduce en un 5 % el salario de los funcionarios del gobierno
– Congela el aumento de las pensiones con previsiones dirigidas a una reducción y ya prepara una propuesta para aumentar la edad de jubilación de los 65 a los 67 años.

El Gobierno Español propone a sus ciudadanos planes de austeridad mientras firma cheques millonarios a distintas entidades financieras.

Ante esta situación, amplios sectores de la izquierda en España así como los sindicatos Comisiones Obreras (CCOO), La Unión General de Trabajadores (UGT) y la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) se han opuesto enérgicamente a estas medidas neoliberales. “Porque les sobraban las razones”, sectores de la izquierda junto a los sindicatos llevaron a cabo una huelga general de 24 horas el pasado 29 de septiembre. Con multitudinarias manifestaciones en todo el país, unos 10 millones de trabajadores protestaron contra la nueva reforma laboral a la que consideran abusiva y vergonzosa. Manifestaciones en Madrid, Barcelona, Sevilla, Valencia y en las demás capitales de las distintas Comunidades Autónomas; se llevaron a cabo durante todo el día. El efecto de la huelga se notó durante todo el día. Los comercios estaban cerrados, el transporte público funcionaba al mínimo (autobuses, metro, aeropuerto). Las televisiones autonómicas no transmitían en apoyo a la huelga, la industria estaba totalmente paralizada y las ediciones de los principales diarios del país fueron muy escuetas.

El pueblo trabajador se sentía en la calle. Mientras, el gobierno expresaba que la jornada se estaba produciendo con normalidad. A las protestas en España se sumaron, protestas en Bélgica y en Grecia. El mensaje fue claro, y el Gobierno anunció que se abrirán canales de discusión y dialogo.

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