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Semblanza y despedida a un compañero

octubre 29, 2010

Luis Ángel Torres Torres
Movimiento Socialista de Trabajadores

Pronunciado en el Acto de Recordación al compañero Edgardo Alvelo Burgos celebrado por el Movimiento Socialista de Trabajadores (MST) en la noche del 27 de octubre de 2010.

Saludos a todas las compañeras y compañeros presentes.

Qué difícil tarea me ha encomendado mi amigo y compañero Edgardo Alvelo. Pero la tengo que asumir por encima de cualquier consideración.

Parafraseando al dramaturgo alemán, Beltolt Brecht: Hay seres humanos que luchan unos días y son buenos. Hay otros que luchan unos años y también son buenos. Hay unos que luchan toda una vida, esos son los imprescindibles. Edgardo Alvelo Burgos, es uno de los imprescindibles, sin los cuales ningún proyecto político, sindical o social, puede ser exitoso. Las y los imprescindibles ponen vida y corazón en cada proyecto que se trazan, no se quejan ni se arredran ante las grandes y pequeñas dificultades, sacrifican su bienestar y a riesgo de su seguridad personal, van por la vida combatiendo injusticias y repartiendo capullos de libertad. Hoy despedimos a un ser humano extraordinario que hasta el último hálito de su existencia nos dio lecciones de dignidad y nos señaló con su ejemplo que lo posible comienza con lo que nos parece imposible.

Luchador multifacético, Alvelo fue dirigente estudiantil, fundador y dirigente del Movimiento Socialista Popular (MSP) y del Movimiento Socialista de Trabajadores (MST), Oficial del Gremio Puertorriqueño de Trabajadores, Delegado de la Federación de Maestros en la Escuela Miguel Such, Vicepresidente de la Unión Local de San Juan IV, Dirigente de la Escuela Sindical de la FMPR en San Juan y miembro de Secretaría de Educación Sindical de la FMPR, entre otras importantes funciones.

Edgardo Alvelo Burgos, amigo, compañero, maestro y revolucionario, compartió con muchos de nosotros más de cuarenta años de lucha y sacrificio. Lo conocimos en la Universidad de Puerto Rico, en 1970 como dirigente de la Juventud Independentista de Comercio (JIC) y simultáneamente como miembro del Partido Independentista Puertorriqueño. De las luchas universitarias pasamos juntos a la Fundación del Movimiento Socialista Popular en 1973, cuando un nutrido grupo de jóvenes abandonamos el PIP para lanzarnos al difícil proyecto de crear una alternativa política socialista que mejor representara nuestros ideales de transformación social. Ese movimiento del cual Alvelo, como le decíamos como si ese fuese su nombre de pila, fue impulsor insobornable, tenía como santo y seña que la organización socialista que estábamos creando tenía que ser la prefiguración de la sociedad socialista que debíamos construir. Que el socialismo se construye simultáneamente en la lucha social y en el plano individual-colectivo de la organización que aspira a lograrlo. No era un voto de pobreza, como pueden pensar algunos, era un voto de vivir siempre a la altura de los principios que propalamos.

De esa escuela que ayudó a fundar como maestro, Alvelo fue unos de los discípulos más aventajados. Vivió el desempleo, el despido, grandes carencias económicas, el discrimen político, en fin, la explotación y opresión capitalista en todas sus variadas formas. Eran los tiempos en que en la casa de algunos de nosotros se preparaba comida para muchos y cada cual traía lo que podía para contribuir a la mesa común. No había mucho, pero lo poco se compartía a plenitud. Alvelo, entre otros, predicó con el ejemplo: lo importante no es tener muchas cosas materiales, lo importante es tener lo necesario para vivir y luchar por una sociedad libre de explotación e injusticias.

Esa visión de mundo estaba cimentada en un compromiso y convencimiento de que la clase obrera, los trabajadores y trabajadoras, que producen la riqueza social, deben ser los que la disfruten, para lo cual tenían que asumir el poder político en la sociedad. La solidaridad era su sello de clase. No hubo una lucha en este país donde el MSP interviniera que no estuviera presente el compañero Alvelo, quien además fue Secretario de Educación Sindical durante los difíciles años de formación de la organización. Las huelgas de los Telefónicos, de los Canteros de la Puerto Rican Cement, del periódico el Mundo, de la Datsun, de la UTIER y de la Federación de Maestros, entre muchas más, fueron el taller donde se acrisoló la consciencia de clase de Alvelo. Obviamente, la solidaridad tiene un precio. Durante la Huelga de Maestros de 1974, aunque no era maestro, Alvelo sufrió los rigores de la represión policiaca defendiendo la línea de piquetes y además fue arrestado.

El compromiso, la solidaridad a toda prueba con la clase obrera, se evidenció de manera particular en la participación de los miembros del MSP, con Alvelo a la cabeza, durante la huelga de la UTIER de 1977, donde a riesgo de su vida y seguridad el compañero participó a todos los niveles de la huelga para tratar de hacer posible la victoria de los trabajadores. Fue precisamente durante este conflicto que los matones de la criminal División de Inteligencia de la Policía le pusieron el ojo persecutorio al compañero arreciando todo tipo de vigilancia contra él, llegando al intento de fabricarle cargos para arrestarlo. El 23 de julio de 1978, dos (2) días antes de los asesinatos del Cerro Maravilla, el compañero fue arrestado y acusado de posesión de armas y vehículos hurtados y encarcelado durante varios días. Aunque la policía pretendió vincularlo a diferentes atentados, finalmente resultó absuelto. Sin embargo, la persecución contra Alvelo y contra el MSP no se detuvo.

Es importante apuntar que la represión contra el movimiento independentista y socialista, el movimiento obrero y el estudiantil, durante la década del 70, no era un fenómeno aislado. Miles de independentistas y trabajadores fueron objeto de la más feroz persecución, particularmente por la División de Inteligencia y los escuadrones de la muerte fomentados por las autoridades policiacas. Los arrestos indiscriminados, las palizas, las fabricaciones de casos y el carpeteo eran la orden del día para cualquiera que osara enfrentar los abusos del gobierno de turno. La carpeta de Alvelo y de muchos de nosotros, obviamente era voluminosa.

He conocido muy pocas personas, luchadoras por el socialismo, con la valentía, el arrojo y la disposición a enfrentar cualquier sacrificio, como mi hermano Edgardo Alvelo Burgos. La manera estoica y paciente con que Alvelo enfrentó los avatares de la represión no se da todos los días. Cualquiera otro en sus condiciones hubiese tenido razones de más para quitarse o aflojar la lucha. Pero Alvelo era de los que no se quita. Como él decía en ocasiones: soy un soldado de fila de la revolución socialista, a mucho orgullo. Aprovechando la imagen castrense tengo que decir que definitivamente Edgardo Alvelo fue un soldado, política y militarmente hablando, que no se rindió nunca, ni siquiera cuando estaba a las puertas de la muerte. La muerte apagó su vida, pero su espíritu combativo jamás. Alvelo tenía un sentido del humor increíble. En medio de las situaciones más serias él salía con un comentario que ayudaba sin duda a aflojar tensiones y a sobrellevar el asunto. El 23 de julio del 1978 cuando lo arrestaron me llamó para informarme que lo habían arrestado y lo tenían detenido en el Cuartel General. Cuando levanto el auricular escucho su voz que me dice: “Luis Ángel me cogieron.” Confundido, yo le pregunto: ¿cómo que te cogieron? Alvelo me contesta: “Coño, que me cogieron el dealer.” Lo entendí inmediatamente. Ese era Edgardo Alvelo Burgos, aun en los momentos más embarazosos cogía las cosas a broma.

Los grandes revolucionarios están llenos de grandes sentimientos de amor, como diría el Che Guevara, y Alvelo era la confirmación de ese acerto. Alvelo era un dialogador por excelencia, sin segundas intenciones, transparente como el agua de un manantial. A todo el que tocaba con su paciente elocuencia le dejaba huellas. Tenía tanta confianza en los trabajadores que siempre presumía la buena fe, sin hacer alardes ni poses ficticias, impactaba con su carisma de líder natural. Cuando se certificó como maestro de inglés, particularmente durante los años en que trabajó en la Escuela Vocacional Miguel Such, hizo galas de esas características persuasivas en la defensa inquebrantable de sus compañeros, de los derechos del magisterio y de la escuela pública. Alvelo era un socialista convencido de que la educación es una herramienta fundamental para contribuir a transformar la sociedad de opresión en que vivimos. Por tanto, había una vinculación estrecha entre sus posiciones ideológicas y la lucha magisterial donde nunca cesó de aportar.

El padre revolucionario Edgardo Alvelo tenía un amor particular para su hijo Miguel. No dejaba de decirme que Miguel era su máximo orgullo, los ojos se le iluminaban de manera especial cuando hacía referencia a quien él consideraba su obra maestra. Cada vez que hablábamos, que eran muchas, el padre orgulloso opacaba todo tipo de enfermedad o aflicción que lo estuviese afectando.

Aunque, él me hubiese persuadido de que no lo dijera, tengo que decir que fueron muchos y muchas los que recibieron el desprendimiento y las aportaciones siempre anónimas de Alvelo. Al lado suyo todo el que necesitara dinero o ayuda, la recibía sin esperar recompensa ni devolución. Así como se daba por entero a la dura y difícil lucha por el socialismo, aun cuando las fuerzas físicas lo abandonaban, practicaba la caridad y la ayuda mutua, siempre presto a contribuir con las causas más nobles y justas. Amigo fiel, compañero entrañable, padre ejemplar, maestro con el ejemplo y revolucionario cabal, entre otras importantes cualidades humanas, Alvelo deja una estela imborrable de solidaridad. La arcilla con que se moldean seres humanos de la calidad humana y revolucionaria de Edgardo Alvelo Burgos, escasea en estos tiempos. El mensaje imperecedero que nos deja su lamentable y dolorosa muerte es que sí se puede predicar con el ejemplo, sí se puede poner la acción donde se puso la palabra. En un momento en que tantos independentistas y socialistas han sucumbido ante los escollos de la lucha por lograr una patria libre y soberana dirigida por los trabajadores, el ejemplo de Alvelo, que carcomido su cuerpo por la enfermedad nunca se rindió, es altamente alentador. Días antes de su lamentable deceso, se anunció que la escuela Miguel Such está en lista para ser modernizada y privatizada. Allí en primera fila estuvo Alvelo organizando la resistencia contra los privatizadores. Murió, como vivió, luchando con las botas puestas.

Compañero Alvelo, Gugu, Agustito, tu vida nos llena de esperanzas de que el socialismo es posible por encima de las grandes dificultades que tengamos que enfrentar. Tu legado está asegurado en las y los jóvenes que hoy te rinden tributo. Edgardo Alvelo Burgos: ¡Presente! Edgardo Alvelo Burgos: ¡Presente!

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